¿Estudias para aprender o sólo para acreditar materias?.

2 10 2016

Parece lo mismo: “estudiar para aprender y para pasar las materias”, pero los que trabajamos en educación sabemos que ambas cosas no siempre coinciden.

Padre de familia, joven alumno/a, colega maestro…

solicitando-trabajoHay estudiantes que se obsesionan persiguiendo calificaciones altas en sus carreras, jóvenes que se frustran si obtienen un ocho o una calificación menor, y que en su mente no cabe la idea de reprobar una materia. A veces son así porque su propia condición humana los motiva, pero en otros casos son sus padres los que los apuran, y de paso nos meten en problemas a los profesores. Más de una vez me han dicho algunos de mis alumnos que obtuvieron un nueve de calificación: “Profe por favor póngame un diez, porque si no me matan mis papás”. “Profe, yo nunca había sacado un nueve, póngame un diez”. “Profe, me siento mal por haber sacado un nueve, déjeme un trabajo extra o hágame el examen otra vez para subir de calificación”. Etc. Etc. Etc. Pero lo peor es lo siguiente: “Profe, mi hijo/a nunca había sacado una calificación baja, por qué le puso nueve?. ¡Uff!. También hay casos, la mayoría, en los que los jóvenes más que buscar aprender los temas sólo quieren acreditar la materia en turno con la calificación que sea. En contraparte, en un porcentaje sumamente reducido (de un dígito), también hay jóvenes perfectamente conscientes, que aprovechan su estancia en las escuelas sacando el mayor conocimiento de ellas pensando en su futuro, y que no muestran ninguna afición/adicción por un número o calificación.

Hace muchos años, cuando el sistema educativo nacional inició y tomó fuerza en nuestro país, había una concordancia directa, muy fuerte, entre cursar una carrera -del tipo que fuera- prácticamente en cualquier escuela, y al terminarla encontrar trabajo. Hace unas décadas todavía sucedía lo mismo, y si eras un alumno/a destacado, con altos promedios obtenías por ello un buen quehacer cuando egresabas, incluso antes de terminar tu carrera ya lo tenías asegurado, sin embargo actualmente esta liga está rota. 

Hoy en día, prácticamente en cualquier lugar al que se acuda buscando trabajo a nivel profesional, en la mayoría de los casos el candidato debe presentar su título y cédula profesional a la empresa, documentos que no incluyen las calificaciones obtenidas a lo largo de su carrera, y si al final de cuentas éste hubiese obtenido excelentes notas de todos modos sólo le darán un contrato temporal que expirará en unos meses, siendo este el plazo que tendrá el joven para demostrar que sus buenas referencias escolares o sus supuestos conocimientos de verdad lo son, dicho de manera coloquial, a ver si de veras “el tigre es como está pintado”, y si no es así lo más probable es que le digan: “búscale por otro lado”. Así de simple, cruel, crudo y descarnado es. Por esta razón querido alumno/a, mi recomendación, (sugerencia o consejo, como quieras llamarle) es la siguiente:

“Es mejor que estudies para aprender, y no sólo para buscar los “dieces” o para acreditar las asignaturas en turno”. 

Cuando los “dieces” son una consecuencia natural del aprendizaje de los temas está bien, es lo justo y así debería ser siempre, pero cuando el alumno los busca por presión de sus padres, o por vanidad, sólo por demostrar a los demás su superioridad, es cuando pierden sentido, porque el joven ya no estudia para aprender sino que lo hace para obtener un número.

A diferencia de antes cuando no existían internet y las redes sociales, y que los valores humanos estaban mejor impregnados en la sociedad, actualmente existen diversas formas -cuestionables varias- de acreditar una asignatura, por tal razón las calificaciones de un joven desafortunadamente ya no dicen mucho al que las ve, los números, utilizados como reflejo de los saberes de los estudiantes ya no son confiables, menos aún porque son el resultado de pruebas estandarizadas que no miden realmente las habilidades o talentos de cada quien. A pesar de ello, hay una forma -y solo una- de acreditar correctamente una materia y es la siguiente: aprender los temas trabajándolos con el maestro en turno, revisándolos, estudiándolos, comprendiéndolos, llevándolos al terreno de lo práctico y en general tomando conciencia de su utilidad tanto en el ámbito personal como en lo social. Esta es la mejor manera de hacerlo: conscientemente, pensando que en el futuro se estará al frente de un grupo, de una familia, de una organización o empresa o que se ingresará a ella, o que se acudirá a otro nivel escolar con el mayor conocimiento y no solo con un número.

perseguir-calif

Perseguir calificaciones en una carrera, sea técnica o de nivel licenciatura, o bachillerato general, está mal; lo correcto es perseguir conocimientos, saberes. Las calificaciones solo sirven para fines administrativos y a veces para alimentar egos propios o ajenos, obsesionarse con ellas es un error mayúsculo que además de no garantizar casi nada en el futuro, muestran al obseso arrogante y vanidoso.

Pero por otra parte nunca debe confundirse y caerse en el absurdo de pensar que entonces los seises y los sietes son mejores y con ello tratar de justificar un alumno/a el desinterés en sus estudios. Pensar así es buscar engañarse a sí mismo. Obtener buenas calificaciones por el aprendizaje correcto de los temas debe ser lo natural. 

Otra de las peores confusiones que he visto en mis jóvenes alumnos -y este es un renglón aparte- es la de pensar que el que obtuvo un diez de calificación, -aunque sepan que se lo ganó porque de verdad domina los temas-, automáticamente es culpable de que los demás saquen calificaciones menores por la escala normal que a veces realizamos los profesores entre el alumno más alto y el más bajo en puntuaciones. Este es un error común, y más de una vez he escuchado en el aula las siguientes palabras: “por culpa de ‘fulanito’ que sacó muchos puntos es que todos tenemos baja calificación”.

Recuerdo una anécdota al respecto (la contaré tal cual, perdón por las palabras altisonantes)…

Cuando estudié mi ingeniería en el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán, Jalisco, en una ocasión en una asignatura -complicada por cierto- al grupo de más o menos treinta alumnos en el que estaba nos fue aplicado el examen de una unidad del programa de la materia. La prueba incluía sólo un problema, el cual podía resolverse por dos caminos pero solo uno llevaba al resultado correcto. Todos coincidimos en la misma solución menos un alumno, muy inteligente, pero que siempre se mantenía a distancia del grupo, “solitario” e introvertido así era, por lo cual casi nadie lo amistaba.

Después de resolver el examen, todos en pequeños grupos -cada quien con su cada cual- coincidimos en la cafetería de la escuela, y ahí nos enteramos de que nuestro poco apreciado compañero (el “solitario”), había elegido el otro camino para solucionar el problema, pero todo mundo coincidió en que esta vez se había equivocado. -¡Falló el “solitario”! -dijo alguien, -¡Se fue al averno, liso y sin coeficiente de rozamiento!. -Aseveró otro. En mi caso una lucecita de advertencia se encendió en mi cerebro…

-“Hmmm”, -mascullé y pensé-, -este “amigo solitario” rara vez se equivoca, sabe lo que hace, pero, ¡caray!, no puede ser que todos hayamos cometido el mismo error. Ennnn finnnn, a ver qué pasa.

Llegó el día de la entrega de los resultados, y… claro… todos reprobamos, menos uno, el “solitario”, que sacó un diez de calificación.

Maldiciones, “mentadas”, corajes, y lamentos por doquier en todo el grupo.

Algunos de mis compañeros comenzaron a decir en voz baja: –Por culpa del “solitario”, “tronamos” todos…

Otros señalaron: -Debería “bajarle” un poco. ¿Para qué le pone tanta crema a sus tacos?.

Otros reclamaban: -Si también él se hubiera equivocado a lo mejor el profe se habría compadecido y tal vez nos habría pasado a todos, porque… ¡caray!…  la lucha le hicimos.

Dentro del pequeño círculo de compañeros de grupo más cercanos al lugar en el que estaba sentado yo en ese momento, estaba el alumno impulsivo, mal hablado y a veces agresivo, (en todos los grupos siempre hay uno), pero que por otra parte, cosa curiosa, en este caso “se defendía” en conocimientos y también destacaba. Recuerdo que nos dijo a todos lo siguiente, terriblemente molesto consigo mismo por el error cometido:

-¡No!. Ese “cuate” no tiene la culpa, eso nos pasa a todos por “tarugos”. ¿Cómo “chingados” a nadie se le ocurrió seguir el otro “pinche” camino?. Y es que la solución se veía tan clara, tan lógica… ¡no puede serrrr!, “carajooooo”, ¡¡¡¡que error tan más pendejoooo!!!!. Dicho lo cual, rabioso por su falla se levantó de su silla y con paso firme se encaminó hacia el “solitario”. Al ver su reacción, algo desproporcionada, todos nos quedamos con cara de: “¿qué va a hacer éste?”. Silencio total del grupo, hasta el profesor al ver la furia de mi compañero cambió su rostro de relajado a nervioso. Llegó pues con el “solitario” y le dijo con voz firme y seca:

-¿Sabes qué compañero?, ¡TE FELICITO CABRÓN!, no sé cómo “chingados” supiste que ese debía ser el camino correcto para resolver el problema, si todo estaba tan claro de la otra forma, pero… ¿sabes qué?…

El “solitario” más asustado que entendido, esperando “bronca” contestó: -¿Qué?

Y ahí sí, se le quebró la voz a mi compañero “violento” y con los ojos rasos, a punto de rodársele las lágrimas de la rabia que sentía, no sé si por el error cometido, o si tenía algún reto personal en el sentido de obtener mejores calificaciones que el “solitario”, cosa que nunca nadie había notado, le dijo a este último…

-En el próximo examen te voy a ganar… te lo juro amigo… TE VOY A GANAR….

Dicho lo cual regresó a su asiento, tomó sus cosas y antes de salir del salón el profesor alcanzó a decirle como intentando minimizar el hecho del resultado fallido de su examen y quizá evitar así un problema posterior entre alumnos…

-¡Joven!, ¡no hay problema!, si quieres te acredito la unidad, no es para tanto.

A lo cual contestó mi compañero desde la puerta del aula, con voz más calmada…

-No profe, no es pleito ni nada, reprobé y ni modo, es sólo que la próxima vez le voy a ganar, seguro que lo haré. -Y se fue.

-¡Uff! Se agüito muy feo, -dijo alguien. Una compañera preguntó: -¿Qué le pasa a éste?. Alguien le contestó: -Es que anda en sus días, por eso está más “acelerado y sensible” que de costumbre… ¡Ja!. 

Pasó ese evento, las clases continuaron normalmente y en la siguiente evaluación todo el mundo estábamos a la expectativa de la conclusión del reto. Y sí, efectivamente mi compañero “tempestuoso” superó a mi compañero “introvertido”. Ambos obtuvieron un diez de calificación, pero como mi compañero “violento” ya sabía que los resultados del examen serían iguales entonces agregó un: “además de la solución anterior también puede hacerse esto…” lo cual hizo una diferencia en puntos.

Así pues retomando el tema…

Demostrar madurez respecto al que en buena lid -por comprender mejor los temas- obtuvo una mejor calificación que tú es hacer lo siguiente, y va en niveles:

Nivel 1. Entender que el que va adelante de ti no tiene la culpa de tus errores.
Nivel 2. Felicitarlo si en buena lucha, limpia, honesta, obtuvo un mejor promedio que tú.

Y si se quiere ir más allá y estar en el nivel más alto…

Nivel 3. Comprometerte contigo mismo a superar tus propios resultados, o los de aquellos que te superaron y que sabes que los consiguieron honestamente.

Entonces… ¿en cuál nivel estás?.

¡Jamás debe reclamársele al que va adelante!, pues de ninguna manera es culpable de que los demás se queden atrás o fallen. Si hacerlo fuera lo correcto y el “reclamado” hiciera caso, entonces nunca nadie avanzaría.

Finalmente…

La naturaleza nos enseña que todo es una competencia y que, -nos guste o no- siempre habrá un vencedor, si no fuese así querido Lector/a, querido alumno/a: ¡nunca habrías nacido!.

logoPHOTOSHOPnegro    


Acciones

Information

2 responses

13 10 2016
Andres Sandoval

hola buen día ingeniero, antes que cada felicitaciones a los compañeros y la vez disculpe esta pregunta que no tiene nada que ver en con la nota.
Mire soy profesor de asignatura con 19 horas en cetis 72, quisiera que me apoyara con mi duda, en mi plantel se están realizando reuniones académicas e informativas en horarios matutinos entre nueve y once de la mañana y “vespertino” a las 13 horas. Yo desde hace 17 años mi turno siempre es después de las 15:30, desde hace tres años soy trabajador temporal de pemex y siempre hago contratos en horarios de 7 a 15 para poder ir a mi plantel a impartir clases antes trabajaba en una empresa comercial con horarios de salida a 15 horas, pero ahora cuando estoy contratado no puedo ir a las juntas en las mañanas y las vespertinas llego tarde. Mis jefes me indican que es debo asistir, yo le dijo que no tengo exclusividad con el plantel como los maestro de 3/4 y tiempo completo, pero me dicen que yo tengo un contrato con la sep y estoy a disposicion. esa es mi duda que tan cierto es esto y donde esta escrito porque yo revise el reglamento de docentes de EMS y no dice nada de eso. Pero bueno, malamente soy neófito en es asunto laborales y quisiera saber su opinión. de antemano gracias

su amigo del cetis 72 de minatitlan veracruz.
……………..

Hola Andrés….
Contrato de exclusividad solo existe para los de 40 Hrs. (tiempo completo). Todo el tiempo que esté fuera de tu horario normal de trabajo, no es obligatorio que acudas a nada, a menos que exista algún acuerdo y consetimiento de tu parte.
Saludos.
Ing. I. Guerrero Z.

3 10 2016
Francisco Aragón

Excelente material para reflexión y muy adecuado ahora que estamos terminando el primer parcial e iniciando nuevo parcial.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: