El Regalo Prometido.

8 01 2015

El dar regalos, “mordidas”, compensaciones, o gratificaciones a los servidores públicos por parte del que requiere un servicio, no funciona a largo plazo. Éstas “dádivas” en principio sí motivan al trabajador a realizar mejor y más rápido su quehacer, pero después de un tiempo se convierten en “obligaciones” para la gente, trayendo como consecuencia que el servidor público se sumerja en un estado de pasividad absoluta, desinteresado completamente en optimizar su quehacer si es que no recibe un estímulo extra. “No me das dinero, entonces el trámite irá lento, no procederá, se atorará, etc.”.

La Botella Mas CostosaAhora bien, en éste, como en todos los casos, siempre existirán las atenuantes, las agravantes, los “asegunes” y los extremos, pues una cosa es que el servidor público de plano pida dinero o algo “extra” descaradamente por un servicio para el que está y por el cual recibe un salario, y otra distinta es que el solicitante de un servicio prometa regalos por el mismo al que está obligado por ley a proporcionárselo, sin que éste último le haya pedido nada.

Dicho lo anterior…

Hace varios años uno de mis compañeros de trabajo, encargado en ese entonces de un  Departamento de la administración de la escuela, realizó un trámite especial a un trabajador, gestión por la cual le rescataría una importante suma de dinero, más de cincuenta mil pesos.

Como se trataba de un trámite extraordinario, de esos que se hacen “a ver si pegan”, el asunto motivó al futuro “beneficiario” a prometerle al “gestor” una “botella” de regalo (obsequio común en nuestro país, interpretado como: una botella de tequila, de whisky, etc.), claro, había que ponerle “aceitito” a la maquinaria administrativa para que ésta se moviera mejor, y así garantizar resultados favorables.

Pues sí, el trámite “pegó”, y en cuanto el beneficiario lo supo se dirigió alegremente a la oficina del gestor…

-¡Bieeeeennnnnnn! ¡Es increíble que lo hayas logrado amigo, no cabe duda que eres un genio de la administración! –Dijo el beneficiado. A lo que el gestor respondió con moderación y humildad…

-Nada, nada profesor… los milagros existen. Estuvo complicado el trámite, pero ahí está, pudo resolverse y bueno… firme aquí para entregarle su “chequesote”.

-Vaya que sí, la verdad es casi-casi un milagro, de esos que ya ni los santos hacen, y por el cual te estaré eternamente agradecido. La botella que te prometí… te la entrego mañana. ¿Cómo ves amigo? -Dijo el beneficiado.

-No hay necesidad de ello profesor. -Contestó el gestor. -Es mi trabajo, y me da gusto que todo haya terminado bien. Esa es mi mayor satisfacción.

-No amigo, yo te había prometido una botella, y yo soy HOMBRE DE PALABRA, así que en honor al formidable compromiso que hice y al servicio que me prestaste, mañana te busco para entregártela.

-Bueno… si usted insiste.

-Claro que sí, lo que me conseguiste merece eso y mucho más…

Así quedaron las cosas, con grandes expectativas para el gestor, creadas por el enorme compromiso que dijo tener con él el beneficiado, mismas que se concretarían al día siguiente.

Pasó un día, otro más, y otro más… al cuarto día llegó el beneficiado a la oficina del gestor sujetando una bolsa negra de plástico, de las que se utilizan para tirar basura, y dentro de ella la botella prometida. Por supuesto que la entrega debía ser lo más discreta posible, el lugar en el que estaban así lo requería.

-Amigo, aquí está tu regalo, es lo menos que puedo hacer para corresponder a tu genialidad al resolver este asunto al que sinceramente le veía pocas probabilidades de éxito.

Dicho lo cual, depositó in_te_li_gen_te_men_te debajo del escritorio del gestor la bolsa negra con la botella.

-Profesor, no se hubiera molestado, no había necesidad. -Dijo el gestor cortésmente.

-No es molestia amigo, es un enorme compromiso que estoy cumpliendo y aquí está, te estoy muy agradecido y que la disfrutes.

-Bueno… Gracias profesor, y quedo a sus distinguidas órdenes.

-Muchísimas gracias a ti hermano del alma. -Dijo el beneficiado, despidiéndose del gestor con un fuerte, pero amoroso abrazo.

Cuando el beneficiado se fue, el gestor, emocionado por las palabras y la acción del otro, dirigió su mirada hacia el envoltorio y pensó… “de Corralejo no es porque el bulto está bajito, “ramona” tampoco es porque no está muy ancho, quizá sea algún “bucanitas”, o un “don julito”, o ya en plan de lucimiento de mi colega tal vez sea un “coñaquito”. En fin, más tarde en mi casa veré de qué se trata…”.

Pero la curiosidad es criminal a veces, asesina la paciencia, por lo que después de unos segundos mi compañero gestor finalmente cedió a sus impulsos, se agachó y abrió la bolsa para ver su contenido, encontrándose con…

-¡¿Quéeeeeeeeeeee?! ¡Una cerveza! ¡Una &/%!$#? y mísera caguama!. ¡Maldición!. -Exclamó, sorprendido y sumamente contrariado.

Después de la media hora que tardó para recuperarse de la brutal impresión de haber recibido una cerveza (que en las tiendas de autoservicio puede costar unos veinte “pesillos”), de premio por tan importante trámite realizado con éxito, ya más tranquilo reflexionó sobre el cuestionable regalo, y pensó…

-¿Una caguama?, ¿Una simple y triste caguama? ¡No puede ser…! Si el trámite hubiese sido para recuperar cien pesos, en ese caso regalar una cerveza o hasta un refresco/soda sí tendría sentido, pero fueron casi sesenta mil… ¡¿En dónde está el respeto por la ley de las proporciones?! Y peor aún, cerveza de una marca que no me gusta… y quizá esté… -Estiró su mano para tocar la botella y exclamó; -¡Maldición! Está helada, cuando me la beba estará “quemada” ¡Uf! Por otra parte, yo nunca le pedí nada… el ¡E_N_O_R_M_E! compromiso surgió de él, lo cual de alguna manera lo obligaba a lucirse más… ¡Caray!.

Así sucedió, y el resto de trabajadores enterados del asunto, cuentan que al día siguiente se encontraron en los pasillos de la escuela el beneficiado y el gestor, diciéndole el primero al otro…

-Amigo, ayer con la prisa de entregarte tu obsequio olvidé decirte algo…

-¡Sí!. ¡Dígame profesor!… -Contestó instantáneamente el gestor con renovados bríos, atento a una posible rectificación del ridículo regalo, tal vez una disculpa, o quizá la “caguama” era sólo el principio de algo mejor… cabía también la posibilidad de que todo hubiese sido una broma, de mal gusto pero broma al fin, así pues avivó sus oídos, y con el rostro lleno de felicidad escuchó lo siguiente.

-“Hay” te encargo por favor el envase de la botella porque es retornable, dejé dos pesos con treinta centavos de importe por él en la tienda de la esquina y sólo tengo tres días para recuperarlos.

-¡Aaaahhhhh!. Era eso. –Dijo el gestor, desinflándose en el acto.

-Y también te encargo la bolsa negra, porque la voy a ocupar para guardar algunas “cosillas” que tengo por ahí “regadas”.

-Sí profesor. –Dijo el gestor totalmente quebrantado. Abatido, con sus ilusiones completamente rotas, se alejó rápidamente del lugar pensando…

-Menos mal que no me pidió la corcholata, porque esa sí, no supe dónde quedó.


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5 responses

23 02 2015
Ana Sanchez

Jajajajaja Buenísmo el relato Profesor y gracias por compartir

23 01 2015
mrfisico

Hoy me alegro el día con esta historia
Le juro que me moria de la risa no se si por el CODO del maestro o por el administrativo ilusionado por una tequila
Que tenga un buen día maestro guerrero

23 01 2015
iguerrero

Hola mrfisico… Colega, me di una vuelta por tu Blog, y está muy -pero muy- bien hecho, !Felicidades!. Un cordial abrazo.
https://mrfisico.wordpress.com/

14 01 2015
carlos torres

pues si, era casi su obligacion de servicio y pues al cabo regalo regalo es y si no es una obligacion no tiene por que mal gastar su dinero en obsequio que no se< para la familia verdad, que tenga un excelente año 2015

9 01 2015
ines amelia calderon gama

Feliz año y seguimos con el animo de continuar dando clases y esperemos que se de el retiro voluntario .

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