Reflexionando y proponiendo…

6 05 2013

Colaboración: Profr. Isaúl Rentería Guerrero.
Contexto: La Nueva Reforma Educativa en México.
Tema: Un enfoque crítico en pro de su mejora.

Isaúl Rentería GuerreroCon la introducción de la Reforma Educativa propuesta por el actual gobierno se abre de lleno el debate sobre el nuevo paradigma donde se habrán de asentar los cimientos filosóficos y estructurales de la actual política educativa.

En esencia nadie puede negar la trascendencia que tiene el que se cree una Reforma, que a nuestro país, dadas las condiciones pasadas, presentes y futuras, le urge. Sin embargo, son los enfoques, concepciones y términos; que al final de cuentas, representan esos pequeños detalles, que sí marcan diferencia, los que conviene ajustar partiendo de distintas premisas, como son:

a). La desafortunada experiencia histórica que nos confirma que acompañado a cada inicio sexenal aporta una propuesta de Reforma Educativa, (que por cierto se nos vende como el proyecto idóneo que habrá de resolver los problemas asociados al tema educativo).

b). La falta de un consenso de consulta genuina, preferencialmente pública, representativa e incluyente de las bases educativas, es decir los docentes y directivos inmersos en la educación. Por incluyente se debe entender que no sólo se debieron invitar a construir las propuestas a los especialistas en el tema, sino a toda la estructura social, que se sabe en mayor o menor medida está implicada y le concierne el tema, incluyendo a las voces opositoras y críticas, que también forman parte de éste país.

El enfoque de educación por competencias, opción emergente importada del modelo educativo generado en las naciones industrializadas y cuya eficacia neta de aplicabilidad en regiones de medio a bajo desarrollo ahora admiten muchos especialistas y sistemas educativos del mundo. Problemas que como la educación estandarizada con sus escasas virtudes, pero sobre todo con sus comprobadas limitaciones. Así por ejemplo la educación inclusiva ante el reto de la insuficiencia de enfoques educativos que la fortalezcan, surge como una de las opciones que puede ayudar a oxigenar los ambientes de aprendizaje. No obstante, más allá de la problemática asociada a las implicaciones pedagógicas y áulicas que conlleva el educar en las aulas a estudiantes con capacidades diferentes; a la par emerge el desafío vinculado a la carencia en muchas instituciones de la adecuada infraestructura y medios educativos que ese tipo de planteles requieren.

La actual propuesta de la SEP de mejoramiento educativo apoyadas básicamente en herramientas de evaluación y soportada por la creación del Instituto Nacional de Evaluación Educativa ; pese a su publicitada operatividad, no pareces representar el mecanismo idóneo para lograr la mejora pretendida, en virtud de que el mejor sistema educativo del mundo no funcionará sin el hecho los docentes no somos capaces de establecer para todas las asignaturas impartidas, aprendizajes significativos y aplicables y competencias que privilegien al ser sobre el hacer. No con la visión rudimentaria y utilitaria pragmática de la maquiladora convencional, con la que tanto nos hemos familiarizado.

Educar es formar antes que instruir, no basta con la mención de que debemos pasar del paradigma de la enseñanza al paradigma del aprendizaje. En educación el reto educativo que impone la globalización no debe entenderse como las actividades de copia y reproducir modelos ajenos, sino como la incorporación regional y local de estrategias educativas que consideren la identidad, valores, tradiciones idiosincrasia, lengua y realidad socioeconómica de las poblaciones y regiones que se han de educar.

El enfoque formativo que incluye valores no es en modo alguno una “receta de cocina”, cuya sola aplicación garantice resultados. Debe acompañarse sin duda de una estrategia correcta surgida de la realidad y problemática áulica verdadera y no provenir únicamente de oficinas de planeación que en la práctica sólo insertan y reproducen teorías educativas diversas que por cierto, incluyen teóricos de la educación y teóricos de las competencias.

Por tanto sin dejar de reconocer la gran importancia que tienen los programas de formación docente, que se vienen instituyendo en todos los niveles educativos, sin duda, se precisa de la conveniente adaptación de esos programas a las necesidades concretas por cada asignatura impartida o por tema establecido en el currículum.

Lo anterior nos remite a la impostergable tarea de dirigir más esfuerzos a la formación y adquisición de herramientas educativas que a la dominante e indiscriminada proliferación de unidades administrativas, que si bien son importantes, deben coexistir en los ambientes educativos en una proporción más razonable que considere lo mínimo requerido, es decir sólo como herramienta de apoyo.

Por tanto habría que preguntarse por ejemplo, ¿al INE quién lo habrá de evaluar?, y si los alcances de esas evaluaciones, que incluyan alumnos y docentes ¿también alcanzarán para inducir mejoras netas en el sistema educativo?.

Una percepción probablemente osada para algunos, inválida para otros, tiene que ver con la poca importancia y nulo respeto que se tiene por parte de muchos políticos de esa institución denominada SEP, al designar personas con perfiles, intereses y preocupaciones quizás muy distintas a los ambientes educativos. La excepción a la regla la representan contados nombres, los que ahora llegan a mi mente son Justo Sierra Méndez, irónicamente nuestro primer ministro de educación (cuya designación se remonta al año de 1905), Agustín Yáñez y Jaime Torres Bodet. Y vaya que la oportunidad de que tal situación se hubiese revertido ha sido amplia, tan amplia que 108 años de historia no han alcanzado para éste propósito; lo que por sí mismo representa un indicador- si se quiere cualitativo- de que la SEP se visualiza más como una posición política y no como un ministerio clave para administrar y aplicar servicios educativos.

Apoyado en mi práctica docente y en la opinión de muchos otros colegas puedo afirmar que educar bien en México no es tan complicado como parece, que la reforma educativa debe emerger desde el aula y su realidad, la planeación cotidiana desafortunadamente no puede retroalimentarse de actividades de planeación surgida de oficinas y escritorios cuyos “especialistas en planeación” tienen el problema de que saben elevar al aire los aviones, que pueden planear, sin embargo nunca aterrizan.

En suma no es copiando modelos ajenos al nuestro como el hoy tan laureado modelo educativo de Finlandia, ni el Cubano, ni el Español; es el de México, su realidad e idiosincrasia, tampoco nos soluciona el problema el seguir al pie de la letra las líneas sugeridas por la UNESCO, ni la OCDE.

La política educativa debe reorientarse en efecto hacia la mejor formación y preparación de los docentes, sin embargo los enfoques de capacitación que hasta hoy se practican deben abandonar y para siempre la adopción de teorías educativas como un fin de la formación docente y adoptar enfoques de capacitación reales, factibles y representativos del quehacer áulico.

Invertir en el diseño de un perfil docente que aunado a sus atributos y competencias preestablecidas lo doten de las herramientas imprescindibles para desarrollar competencias tangibles, justificadas y verdaderamente útiles para delinear el perfil de egreso de los estudiantes; lo que no será posible si en tales herramientas no se incorpora el componente de requerimientos regionales y locales de los educandos.

Eliminar reglamentismos y burocratismos de la educación, al respecto baste afirmar a manera de ejemplo un hecho demostrado, el sistema ISO, es infuncional para ser aplicado en la educación, surge y aplica en contextos muy distintos, crea excesivo papeleo y no resuelve para nada el propósito fundamental, que es educar.

Finalmente me parece debemos recordar que aunque estamos tan cerca de los Estados Unidos de Norteamérica como dijera el general Díaz, vivimos en latinoamérica con las ventajas y por supuesto, las enormes desventajas que ello representa.

Queremos cambiar para transformar, lo que es magnífico; sin embargo cabe preguntarse ¿si los enseres y herramientas que tenemos dispuestos para tal fin representan la mejor solución a los problemas educativos que hasta el día de hoy nos afectan?.

El siglo XXI y sus principales desafíos dominados por la globalización, no implica importar información, ideas, usos y costumbres de poblaciones ajenas y provenientes de otros contextos y realidades. Somos capaces de desarrollar el modelo educativo mexicano, hecho por y para mexicanos, nadie conoce mejor que nosotros la naturaleza y causa de nuestros problemas, y por tanto somos los responsables naturales de su solución.

Isaúl Rentería Guerrero.
Docente de Educación Media Superior.

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