La medicina actual y la falta de ética.

10 09 2009

Al leer el artículo/crítica que hizo mi colega y amigo el Profesor Miguel Bernal del CETis 45 de Zihuatanejo, Guerrero, respecto de las actitudes de los médicos actuales me vino a la mente una anécdota que me sucedió hace algunos años.

Etica Medica 2Dormía y más o menos a las dos de la madrugada me despertó un fuerte dolor en uno de mis oídos, intenté controlarlo con algunos analgésicos pero solo disminuyó un poco. Una hora después (es lo que pude resistir) busqué un médico que me atendiera. “El pueblo de la fiesta eterna” no es muy grande así que en mi auto rápidamente ubiqué uno que atendía las 24 horas del día (ni soñar que el médico del ISSSTE de mi localidad me recetara a esas horas de la madrugada). El médico que encontré disponible me revisó el oído y me dijo que debido a que había hinchazón en él no podía hacer nada hasta que la misma disminuyera. Me recetó un antibiótico y algo para reducirla diciendo que con tales medicamentos probablemente sería suficiente para eliminar completamente el problema.

Las tres de la tarde del mismo día y el dolor seguía e igual la hinchazón.

Con el dolor encima y sabiendo que si regresaba con el mismo médico probablemente me diría: “no puedo hacer nada mientras la hinchazón persista”, opté por ir con otro. Ya para esas horas habíamos especulado mi esposa y yo que mi problema quizás se debía a la falta de un lavado de oídos, por lo que acudí con el nuevo médico con esa intención en mente. Llegué y al atenderme le comenté que ya había visitado a otro doctor, le mostré los medicamentos indicados por su colega y le dije que yo pensaba que el problema que tenía se debía probablemente a la falta de un buen lavado de oídos y que tal vez con eso sería suficiente. El galeno estuvo de acuerdo y procedió a realizármelo. Al terminar me recetó nuevos medicamentos reemplazando a los primeros.

Al día siguiente la hinchazón seguía y el dolor también.

Etica Medica 1A las diez de la mañana pregunté por teléfono en una clínica de Zapotlán el Grande, (Ciudad Guzmán, Jal.) acerca de algún Otorrinolaringólogo y para mi fortuna ese día en la tarde atendería uno proveniente de la ciudad de Colima; hice una cita para las cuatro de la tarde.

Llegué a la clínica acompañado de mi esposa, el especialista me atendió de inmediato, me revisó el oído y dictaminó que no podía observar con claridad el problema que tenía y que por lo tanto eran necesarios mayores estudios con aparatos de mayor potencia en su consultorio de la ciudad capital, Colima. Me citó para que acudiera al día siguiente allá y me recetó nuevos medicamentos los cuales no garantizó que resolverían el problema. Pagué y nos retiramos de allí.

De regreso al “pueblo de la fiesta eterna”, platicando con mi esposa acerca del diagnóstico del especialista coincidimos en que había sido un gasto innecesario y que tampoco tenía sentido comprar nuevamente medicinas si es que no había alguna garantía de que resolverían el problema. Coincidimos también en que no tenía caso acudir a Colima, porque intuimos que mi problema estaba siendo visto como negocio por parte del experto galeno al programar mayores estudios. Seguimos conversando y me dijo: ¿Por qué no vamos con el Dr. Vergara? (el Dr. Francisco Vergara es un médico jubilado, que ya no ejerce pero que atendía una farmacia de su propiedad en Tuxpan, Jalisco). -“El perdido a todas va”, así que vamos con él. Le contesté a mi esposa.

Llegamos a la farmacia del Dr. Vergara a eso de las 7:00 de la noche, le comenté mi problema, sacó de entre sus cosas un aparato que le permitiría observar el interior del oído (después supe que se llama Otoscopio), me revisó y diagnosticó que tenía una infección (otitis) para lo cual me recetó una gotas que debía ponerme cada cierto número de horas en el oído enfermo y unas pastillas que tomaría unos tres o cuatro días. De inmediato inicié el tratamiento y al día siguiente la hinchazón había disminuido y el dolor había desaparecido. Continué con el tratamiento y el problema terminó.

Pasados unos días reflexioné acerca del asunto y concluí lo siguiente.

1. El primer médico no hizo nada justificado en la hinchazón que tenía en el oído, tampoco alivió el dolor que sentía solo me recetó medicina que no tuvo ningún efecto. Dinero perdido.

2. El segundo médico hizo lo que yo le sugerí -cosa que está mal desde luego- me recetó medicamentos que compré en una farmacia indicada por él, mismos que no me ayudaron en nada absolutamente. Dinero perdido.

3. El Otorrinolaringólogo estableció la necesidad de estudios más profundos y no me garantizó la medicina que me recetó (la cual afortunadamente no compré). Dinero perdido al pagar una consulta que no sirvió de nada.

4. El problema que tenía en el oído me lo resolvió un doctor que ya no ejercía, con unas simples gotas de un medicamento común para infecciones, y unas pastillas para el dolor. ¡Y NO ME COBRÓ LA CONSULTA!

¡Caray! No tengo nada en contra de la medicina actual y de sus médicos, pero no me gusta que me vean como un cliente más, sinónimo de pesos (ni creo que a nadie le guste que lo vean así). Me parece que debería existir alguna garantía mínima de resultados positivos y al no haberlos nadie debería cobrar por un servicio fallido.

En todo este asunto está sin duda la pérdida de valores humanos, peor todavía tratándose de la medicina que es una de las ramas de la ciencia que trata precisamente de lo humano. Para mí, siempre que el dinero cobra importancia en cualquier profesión da al traste con cualquier servicio orientado hacia lo humano. En la medicina igual que en la educación, la religión y la justicia, cuando se “mete” el dinero en los procesos que conllevan éstas, se desvirtúan, y pierde orientación el quehacer desempeñado por quienes trabajan en ellas.

Lo que me sucedió se debe en gran parte a la mala costumbre de no prevenir las cosas, igual sé que les pasa a muchos -si no es que a todos-. Por ello la recomendación es obvia, antes de ir con un médico primero preguntemos, informémonos con nuestros vecinos, familiares, amigos, etc. acerca de él, y vayamos solo con aquel que realmente sepamos que desempeñe un servicio orientado más hacia lo humano y menos hacia el dinero. ¿Tendremos que buscar mucho? Quizás sí, pero vale la pena.

logoPSgris

Esta anécdota se la dedico al Dr. Francisco Vergara, persona de gran valor científico y humano en nuestro pueblo, quien siempre fue muy acertado en sus diagnósticos y en los medicamentos recetados.


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2 responses

26 12 2013
Federico Ortiz

Dices tantas cosas ciertas! Falta mucha ética en los médicos. Y los aún peores. Olvidan a la persona y el trato humano. Ven peos, no personas.

12 09 2009
maki58

¡Había una vez…

Así empiezan los cuentos:

Un médico de pueblo, visitaba asiduamente a sus pacientes, entre los cuales se encontraba el ricachón del pueblo quien padecía una horrible fístula a escasos milimetros del esfinter anal. Todos los viernes, el médico visitaba al paciente y le aplicaba un bálsamo de su invención, después de asear escrupulosamente la herida.
Años después, cuando el hijo del médico se graduó como flamante médico, su padre le cedió la consulta y entre sus pacientes estaba ¡por supuesto¡ el riquillo fistulento, jajajajajajajajajaj, cuando le correspondió el turno al desdichado paciente que ya tenía años doliéndole el c….o.
Después de cuatro visitas correspondientes a cuatro viernes, el joven le dijo a su padre con tono jubiloso: “¡Qué te parece… he curado a don………, que fue tu paciente duratne años y con tus medicamentos añejos no pudiste curarlo¡¡¡¡¡¡¡ el pobre hombre lo que tenía era una garrapata prendida en el c…
¡Hijo de …….¡ ¡esa garrapata pagó tu carrera en la facultad de medicina¡¡¡¿¿

Qué les parece???????

jajajajajaajjajajajajaajajjaajajja

Besines

maki.
………..

¡Ja! Suele suceder.
Saludos Maki.
Ing. I. Guerrero Z.

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