La “Pelea”.

22 05 2009

Sugiero al público lector sensible se abstenga de leer la siguiente anécdota ya que contiene palabras altisonantes.

Se dice que el trabajo al interior de las escuelas es desahogado: vacaciones, “puentes”, suspensiones oficiales/sindicales y ahora suspensiones por influenza, etc. También se piensa que las relaciones laborales entre todo el personal son las mejores. Claro, tratándose de una escuela debería ser así, pero hay ocasiones -y solo eso, OCASIONES- en las que se dan  discusiones entre compañeros, situaciones que rara vez terminan en algo más que en reclamos verbales. Lo cierto es que ser un trabajador del sistema educativo a veces resulta estresante no por el trabajo en sí, sino por lo difícil que resulta el trato con los demás trabajadores. Cabe señalar que la gran mayoría del tiempo el respeto, la tolerancia y la cordialidad son constantes entre el personal.

Sin embargo…

pelea-manos1Don Luis Castrejón Licea (jubilado hace algunos años), siempre fue un trabajador respetuoso y atento con todo el mundo, principalmente con nosotros, personal del CBTis 70. Inició en la escuela trabajando en labores de limpieza y gracias a su forma de ser rápidamente ascendió a prefecto y ahí se mantuvo hasta su jubilación. Rara vez tuvo problemas con nadie, salvo con aquel o aquellos que buscaban deliberadamente molestarlo. Así le sucedió con uno de mis compañeros al que denominaré el “irritable” por su carácter explosivo.

No sé con certeza cómo inició el problema entre don Luis y mi colega “irritable”, el caso es que su relación de compañeros de trabajo se deterioró.

Un día el “irritable” llegó a registrar su entrada en una de las áreas de prefectura en donde se encontraban tanto el reloj para checar como don Luis, y al buscar su tarjeta de registro dijo con voz fuerte, casi gritando:

-¡¡Órale “Guacha”!!, ¡¡no estés haciéndote tarugo!!

A don Luis, sus amigos le decían “Guacha”, ¿por qué? lo desconozco, yo por respeto jamás le llamé así, pero nunca vi que se molestara con los que lo hacían. Sin embargo hay días malos… quizás -como dicen por ahí- no fue la palabra lo que le incomodó sino “el tonito”, luego… lo de “tarugo” debió agregar más combustible al asunto, el caso es que don Luis salió hecho una furia de la prefectura, agarró por la solapa al “irritable” y se lo llevó a jalones hasta el pórtico de la entrada principal del plantel, ya ahí, le dijo…

-¿¡Sabe qué!? ¡¡¡Ya me hartó!!!, ¡¡¡Quiere que nos demos unos “chingadazos”, ándele pues cabrón ¡¡¡Éntrele!!!

Dicho lo anterior asumió la postura de un boxeador: brazos en posición de escuadra y puños cerrados como piedras listo para dar. Cabe recalcar que don Luis siempre fue una persona pacífica, sí, pero por lo menos sabía defenderse de los golpes, cosa que el otro no tenía la menor idea pues no sabía pelear.

Como el “irritable” no esperaba tal reacción de don Luis (pensaba que en su carácter de prefecto y de persona pacífica siempre le aguantaría sus groserías), sorprendido le contestó intentando evadir la pelea:

-¡¡¡¿Qué?, ¿qué?, ¿qué?!!! ¡¡¡No puedo pelear porque estoy enfermo de un pie!!! A lo que don Luis contestó:

-¡¡¡Yo también estoy “cuarraco” cabrón, así que éntrele!!!

-¡¡¡No, ahorita no puedo!!! ¡¡¡Pero tengo un hermano que es judicial y vas a ver…!!!

-¡¡¡Me vale madres, mientras llega su hermano ya le partí su madre, así que éntrele pues!!!

Así estuvieron un momento, hasta que don Luis viendo que el “irritable” en realidad no iba a enfrentarlo a golpes se retiró a la prefectura dejando al otro con cara de: ¿¡Qué pasó!? ¡Tan tranquilo que era! Sumamente sorprendido por su reacción.

El “irritable” se fue a su casa y más tarde regresó a la escuela preguntando por don Luis. Luego que lo encontró, todo el mundo esperaba que el pleito continuara, aunque también sabían que no pasaría de ser una escaramuza verbal, pero contrariamente a lo esperado el “irritable” se disculpó con don Luis, diciéndole que no pensaba que sus palabras lo alterarían tanto, que lo perdonara y le extendió su mano para que siguieran siendo buenos compañeros de trabajo. Don Luis, igualmente le extendió la suya, se saludaron y ahí acabó todo. Jamás volví a saber que el “irritable” (que esta vez no lo fue tanto) le faltara al respeto de ninguna forma.

El respecto que don Luis SIEMPRE manifestó al cuerpo docente quedó perfectamente demostrado en este evento, en todo el sainete siempre le habló de usted al “irritable”, con todo y su coraje jamás lo tuteo.

logowpnegrorojo

P.D. Dedicada a don Luis Castrejón Licea, amigo de todos.


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One response

24 06 2009
Eduardo Dávalos

citando “¡¡¡pero tengo un hermano que es judicial y vas a ver…!!!”
que cobarde salio el “irritable”

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