Semillas lanzadas al viento…

26 02 2009

Las palabras son como semillas lanzadas al viento.

Hay gente que nació para mandar y gente que nació para obedecer, eso es tan cierto como es el hecho de que estés leyéndolo.

semillas-lanzadasHay personas a las que por más que se les diga que cambien de actitud jamás lo harán, a las que por más que se les haga ver su extraordinario potencial jamás lo aceptarán, peor aún, ni siquiera harán el intento de cambiar, y es porque están bloqueados, atorados en la idea de que no tienen la capacidad e inteligencia para hacer las cosas más allá de lo común.

Que le vamos a hacer, el mundo es así, hay quienes nacieron para hacer cosas pequeñas y otros vinieron para hacer las cosas grandes. Igual hay gente que nació para ser pobre y otros para ser ricos, y aunque todos tienen la oportunidad de ser y estar mejor, de ahí a que todos vean sus oportunidades y las aprovechen hay un abismo de diferencia.

Lo anterior es una realidad que a veces cuesta aceptar, y por esta negación (y re_negación) de lo evidente, quienes tenemos la oportunidad de motivar -a quien sea- a hacer algo positivo con su vida debemos hacerlo utilizando al máximo el tiempo y el espacio en el que nos tocó vivir, instando desde allí a los demás a que le den mayor importancia al bien maravilloso que tienen: su existencia.

En una ocasión estando en un salón de clases llegó un joven que a lo sumo tendría unos veinte años. Me pidió permiso para platicar con mis alumnos acerca de un lugar encargado de rehabilitar a jóvenes con problemas de adicciones -del cual provenía- le autoricé, se presentó y contó lo siguiente…

Les dijo a mis alumnos acerca de la Institución que lo cobijó (y cobijaba aún) y también les dijo por lo que había pasado antes de llegar a ese lugar. Narró cómo había entrado al mundo de las drogas y cómo fue deteriorándose su salud y su relación con su familia a tal grado que no lo querían cerca de ellos, ni tampoco querían saber de él, tanto daño les causó que mejor deseaban verlo muerto.

La historia del muchacho era conmovedora. Terminó su narración con las siguientes palabras. “Sé que aunque les cuente mi historia, de todos modos algunos de ustedes caerán en el mismo problema que yo, porque así somos los jóvenes, tenemos que vivirlo para saber que algo no es bueno y entenderlo. Pero al final de cuentas, si después de esta plática alguien se lo piensa dos veces antes de meterse en dificultades, entonces valió la pena haber venido”. Palabras más, palabras menos…

El muchacho sabía que hay gente que por más que se le diga que actúe bien, evite problemas y se supere jamás lo entenderá, porque nació precisamente para estar del lado de los que tienen que sufrir experiencias duras para contarlas después, y a veces ni siquiera eso porque la vida muchas veces no les da tiempo de hacerlo y terminan muertos. Utilizó muy bien los quince minutos que habló, se despidió y aproveché el momento para motivar más a la reflexión a mis jóvenes alumnos, pero sentí que nada de lo que les dijera podría superar lo dicho por el joven.

No se puede saber con certeza a cuantos jóvenes se influye con las palabras. Lo que hacemos los profesores y quienes intentan motivar a los demás a ser mejores, es como la historia del que comía naranjas en el interior de su auto e iba tirando cáscaras y semillas por la carretera. Pasados unos años volvió a pasar por el mismo lugar sorprendiéndose al ver varios naranjos al borde del camino y se preguntó ¿Qué loco habrá sembrado naranjos aquí? Al hablar y tratar de motivar a los alumnos los profesores lanzamos semillas al viento y no sabemos cuántas caerán en tierra buena y cuántas se perderán.

Cuando veo a los jóvenes veo infinitas posibilidades, veo que tienen un horizonte lleno de oportunidades para triunfar y que solo les hace falta empeñarse un poco para conseguir sus metas por muy lejanas o grandes que sean. Siempre, siempre, siempre, espero que sean de los que vinieron a este mundo para hacer grandes cosas, a dirigir a los demás y a transformar la sociedad para bien.

S i n c e r a m e n t e

I. Guerrero Z.

logowpnegronaranja


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3 responses

1 03 2009
cristian

waooo esto si me dejo sorprendido pero leerlo es facil pero practicarlo es muy dificil…..

12 12 2007
iguerrero

Hola mi estimado Ever…

Es cierto lo que dices, algunos -o muchos- no hacen caso, casi me atrevería decir que son la mayoría. Y no lo hacen porque su destino es así, deben vivir experiencias para contarlas después.

Recuerdo una canción de Mari Trini -quizá nunca la hayas escuchado porque tu eres joven y la canción ya tiene sus años- una parte decia: “Yo confieso… de no haber vestido al pobre por no mirarle siquiera”.

Así pasa a veces Ever, hay quienes no visten al que les habla por su bien ni siquiera con la mirada.

En fin… como dices, con uno que cambie de actitud ya es ganancia.

Un abrazo.

Ing. I. Guerrero Z.

12 12 2007
ever

un saludo cordial, palabras que tocan el corazón, es verdad cuantas cosas transmitimos y algunos ni le hacen caso, pero que dicha se siente cuando al menos una persona las tomo en cuenta y logra alcanzar gracias al apoyo que recibió.
por eso el día a día debe ser motivar a cuantos se topen en nuestro camino.

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