El anfitrión y su invitado.

16 02 2009

Antes que nada, PERDÓN por las palabras altisonantes que utilizaré (ésta anécdota no es apta para menores de edad ni para “persignados”, están advertidos).

Cierta ocasión uno de mis colegas invitó a su jefe inmediato a su casa a ver un partido de fútbol en la TV la tarde de un sábado. Llegado el día puntualmente el jefe se hizo presente y luego de los saludos cordiales vinieron los comentarios del recién iniciado encuentro, surgieron las “botanitas” y un poco después aparecieron los “refresquitos” con sabor amargo. uvasvinoEl partido de fútbol terminó temprano pero la reunión se prolongó hasta muy entrada la noche.

Como ya era muy tarde el anfitrión amablemente le dijo a su invitado -el cual ya empezaba a descomponer sus modales por la cantidad de alcohol ingerido- que si quería lo acompañaría a su casa distante de ahí unas cuadras. El invitado no pudo negarse a tan amable sugerencia, así que como pudo se levantó de su silla y salió del lugar acompañado de su anfitrión dando uno que otro tropezón.

Caminaban sin prisa en medio de las desiertas calles apoyados uno en el otro, cantando, platicando, despertando a la gente del pueblo de la fiesta eterna, eran las tres de la madrugada y no había razón para acelerar el paso.

La noche estaba maravillosa, silencio por doquier. Estrellas y una luna brillante formaban una combinación espectacular para el anfitrión, persona muy sensible que sabía apreciarlo, pero… ¡caray! tanta belleza nocturna no podía durar mucho…

Ya cerca de la residencia del jefe invitado, a unos treinta metros de donde iban dieron vuelta en una esquina tres adolescentes con facha de pandilleros. Aunque los muchachos caminaban por una de las banquetas y nuestros amigos por el centro de la calle de cualquier manera sus caminos se cruzarían inevitablemente.

El anfitrión, sabiendo que su invitado tenía fama de “buscapleitos” empedernido -mayormente intoxicado por el alcohol-, sintió que el corazón le dio un vuelco al vislumbrar la posibilidad (lejana todavía, pero posibilidad al fin) de una escaramuza, y ya con la adrenalina empezando a circularle por las venas, le dijo a su jefe con suavidad al oído, dulcemente, con ternura:

-Jefe por favor no les busque “bronca” a los muchachos.

-¡Ah! Cómo crees querido amigo, pierde cuidado- contestó el jefe “pendenciero”.

-Ah, ok´. Gracias jefe-. -Dijo el anfitrión, relajándose por la promesa de paz que le aseguró su invitado. Se sintió tan bien que casi quiso abrazarlo agradecido.

Lector/a: última oportunidad de terminar aquí y pasar a otro tema…

Siguieron caminando los dos en silencio y cuando estaban como a unos cinco metros casi de frente a los jóvenes, sin más el “jefe invitado” les gritó:

-¡¡”Quihubo” hijos de su chingada madre, ¿Quieren chingadazos?!!

¡¡Maldición!!- Pensó el anfitrión, rompió su promesa…

De inmediato, sin absolutamente mediar palabra, el que parecía ser el líder de los tres muchachos saltó frente al “Retador” y le dijo:

-¡¡Ya vas cabrón!! ¡¡Éntrale!!-

Para colmo de males el “jefe invitado” no sabía pelear, es más, ni siquiera sabia cubrirse los golpes, de lo cual al instante se percató su contrincante lanzándole inmediatamente una lluvia de sopapos desde todos los ángulos, en la cara, tórax y estómago, y todos -absolutamente todos- conseguían su objetivo. No había manera de que el “invitado” esquivara alguno con sus torpes movimientos, tampoco había forma de que contestara al menos uno. Un costal de prácticas de boxeo habría respondido mejor.

Era tal la embestida de cañonazos que el anfitrión sin salir completamente de su asombro por la velocidad de los hechos muy a su pesar siendo una persona enemiga de las rencillas, no tuvo más remedio que intervenir, así que intentó meterse en medio de ambos “contendientes” diciéndoles:

-¡¡Tranquilos!!, ¡¡tranquilos!!, ¡¡ya estuvo bien, amigos!!

En cuanto lo hizo, saltó frente a él otro de los jóvenes diciéndole al mismo tiempo que le daba patadas en las pantorrillas:

-¡¡Usted sáquese cabrón!!

Como el “jefe invitado” ya no sentía lo duro, sino lo tupido, viendo la cosa completamente perdida por todos lados, empezó a llamar a gritos a un compañero de trabajo que vivía cerca del lugar en donde se desarrollaban los hechos.

Para su fortuna, este compañero, que si sabía pelear, se encontraba en su casa y para ¡¡doble lotería!! también estaba uno de sus hermanos ¡”campeón del barrio” en peleas callejeras! así que en cuanto los “pandilleros” los vieron salir de su casa y dirigirse hacia ellos de inmediato emprendieron veloz huida.

Al verlos fugándose a carrera abierta el “invitado” desde el suelo, escupiendo sangre por los atinados golpes que recibió, gritó con todas las fuerzas que su golpeada humanidad le permitían…

-¡¡No corran CABRONES!!

-¡¡No le saquen HIJOS DE LA CHINGADA!!

-¡¡QUE MIEDO ME TIENEN HIJOS DE SU CHINGADA MADREEEEE!!

¡¡Válgame Dios!! Pensó el anfitrión, hay tipos que no tienen remedio, éste es uno de ellos…

logowpnegroazul

Desde aquí le envío un cordial saludo al Profesor Domingo Nava, persona amable, conocida y estimada por todo el pueblo de la fiesta eterna.


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