Daños a terceros…

2 09 2008

Anécdota y Reflexión.

“Cuándo ruegas, fíjate bien en lo que pides no sea que Dios te lo conceda”.

El CBTis No. 70 es una escuela con una gran historia. En su devenir han sucedido cosas curiosas, graciosas, chuscas y también hemos pasado ratos difíciles. Somos pues una institución llena de anécdotas y con mucha tradición en “el pueblo de la fiesta eterna”. Los hechos que narro en el Blog son una forma de recordarnos todos los que estamos en él que somos parte de una gran familia, con diferentes formas de pensar y de actuar. Las anécdotas son parte de nuestra historia y son cosas que suceden en cualquier escuela, la diferencia es que mientras nosotros las contamos y nos reímos de ellas, en otros lugares quizá las oculten por vergüenza y temor a la crítica.

Esto me sucedió hace algunos años y de ello aprendí.

En una ocasión reclamé a la administración directiva de mi escuela el hecho de que siendo yo jefe de oficina, exactamente igual que otro de mis colegas, a mi me asignaran menos horas que a él para realizar el mismo quehacer administrativo. Desde luego que lo hice buscando que nos nivelaran a ambos redistribuyéndome a mi mis quehaceres frente a grupo y administrativo para que quedáramos igual o por lo menos que no se notara mucho la diferencia. Al ir a reclamar no me motivó otra cosa más que la repartición equilibrada de las cargas de trabajo, cosa con la que siempre he comulgado. Pero, pero, pero… uno pone la queja y las autoridades directivas la interpretan a su manera y deciden según piensan, así que… me hicieron caso, solo que en lugar de emparejarme con mi colega a él lo emparejaron conmigo por lo que le aumentaron un grupo más de los que ya le habían asignado y le disminuyeron sus horas de oficina, con lo que quedamos exactamente igual de cargas frente a grupo y administrativa… ¿¡Qué tal!?

Obviamente la solución que dieron las autoridades oficiales no me satisfizo porque yo no buscaba que al otro le modificaran nada. Esto seguramente le significó molestias a mi colega, a pesar de ello jamás me reclamó nada. Por mi parte quedé doblemente insatisfecho, ya que no conseguí lo que buscaba y con mi reclamo afecté a uno de mis compañeros.

De esta experiencia aprendí lo siguiente.

Cuando uno reclama algo debe ser muy claro en los términos, no sea que lo concedido resulte en menoscabo de un tercero, y peor aun en perjuicio de aquel que siempre ha sido amable contigo. Hasta entonces entendí el pensamiento que dice:

“Cuando ruegas a Dios, fíjate bien en lo que le pides, no sea que te lo conceda”.


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