¡Más grave que el cabezazo de Zidane…

26 07 2008

Fue lo que le sucedió a Juanito!

Cierta vez las fuerzas laborales del CBTis 70 se enfrentaron en un memorable partido de fútbol contra un equipo de la localidad. Fue un encuentro muy disputado sin embargo nuestro equipo jugó mejor, tanto, que terminó ganando el partido. ¡Biennn! ¡Así debería ser siempre!

Uno de mis colegas, integrante del equipo de fútbol de nuestra escuela, profesor de asignaturas de química a quien por estimación le decimos “Juanito”, tiene una constitución física robusta, lo que le permite de acuerdo a su estatura plantarse en un lugar tan firmemente que ni el más enraizado árbol puede competirle. Sucedió en el juego que el balón cayó cerca de él e hizo el intento de alcanzarlo pero al moverse sin querer cruzó con otro colega que iba en pos de la pelota a toda la velocidad que sus dos delgadas piernas le permitían.

Juanito dice que sintió como si una pluma o un pequeño papel le diera un rozón. Asegura que fue como una caricia, pero para el otro compañero el “rozón” le significó aterrizar a diez metros del lugar.

-Ni cuenta me di-. Decía después Juanito.  

El que cayó era un compañero sumamente irritable, así que el asunto no iba a terminar ahí pero por el momento el partido continuó…

Al terminar el juego empezaron los festejos por el triunfo, no hubo reclamos, todo fue felicidad, pero al día siguiente…

Juanito llegó muy campante a la sala de maestros y dejó sus utensilios de trabajo: un libro, marcadores para pintarrón, cuadernos y una modesta tabla de elementos químicos, todo encima del escritorio del “corajudo”. Lo hizo sin pensar ni ver de quien era ese mueble, es más, refiere que ni siquiera recordaba el incidente del día anterior.

Quiso la suerte -o el destino- que Juanito saliera un momento de la sala de maestros dejando sus cosas ahí. Un minuto después entró el compañero “iracundo” y vio los utensilios encima de su escritorio. Nada hubiese sucedido si no fuera por algo que le llamó poderosamente la atención: ¡la tabla de elementos químicos! que al instante le recordó como en una película de terror, al más puro estilo de Stanley Kubrick, cuadro por cuadro la espantosa caída del día anterior, motivo por el cual tenía un asunto pendiente con Juanito.

Como había dos profesores de química en la escuela el “corajudo” tenía que saber de cuál eran las cosas que estaban en su escritorio, por lo que de inmediato preguntó a quienes estaban ahí quién era su dueño. –Son de “Juanito”-, contestó ingenuamente un colega.

El colega “enojón” puso sus manos encima del montón de cosas y con la poderosa fuerza que le dio su coraje lanzó furiosamente todo el paquete lejos del mueble. El escritorio quedó completamente limpio hasta de las minúsculas partículas de polvo que tenía y estoy completamente seguro de que si algunos insectos hubiesen estado encima de él seguramente se habrían arrojado al vacío en un espectacular salto mortal al ver el nivel de coraje con que mi colega arrojó los utensilios de Juanito. Unos cuadernos cayeron al suelo, otros encima de unos anaqueles, el libro de química perdió siete hojas y media nada más por el impulso y otras tres al caer debajo de un escritorio, los marcadores botaron los tapones al golpearse contra la pared y cayeron de rebote en el patio cívico, la tabla de elementos químicos nunca se supo en donde quedó.

Cuando el colega “colérico” hizo su “pequeña” gracia de inmediato huyó del lugar con rumbo desconocido.

Un poco después regresó Juanito alegre como siempre buscando sus utensilios para ir a las aulas “a derramar ciencia”. Al no encontrarlos donde los dejó el inocente hombre preguntó por ellos, le dijeron entonces del incidente. Cuando lo escuchó todo movió la cabeza de un lado a otro negándose a creerlo. Tardó un buen rato recuperándose del impacto emocional pensando en lo que hubiese sucedido estando él presente, luego pasó otro tiempo reacomodando sus cosas que algunos colegas habían levantado del suelo, tuvo trabajo hasta para llevar al anexo de usos múltiples del laboratorio de química –su recinto oficial- ya que había que pegarle las hojas a su adorado libro de química.

¿Y la tabla de elementos químicos?

Como nunca apareció, después se supo que Juanito compró otra más moderna que consta de siete períodos y ocho grupos e incluye alcanos, alquenos y alquinos, además de nuevos elementos descubiertos por científicos de la NASA en sus más recientes investigaciones interplanetarias. También estrenó un portafolios de lona para sus enseres escolares pensando: <<Si este señor vuelve a tirar mis cosas por lo menos que se queden juntas>>

Dedicada al Ing. Juan José López Llamas, amigo de todos, menos de uno.


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: