El relajo que hacen los alumnos…

23 06 2008

El ruido que hacen algunas veces los alumnos en las aulas en el preciso momento en que algún profesor les imparte cátedra, es tal en ocasiones que todo el mundo se pregunta, ¿habrá maestro ahí?

Lobo con piel de ovejaMaestros hay de todo tipo: gruñones, regañones, corajudos y muy exigentes con sus alumnos, esa es una cara de la moneda, en la otra están los que son tranquilos, pasivos, tolerantes y a veces demasiado complacientes con los jóvenes. Los primeros no representan problema para ningún colega puesto que el silencio es regla en donde llegan a impartir clases, pero… ¿los que son “blanditos”? Los alumnos no saben de limitaciones, si ven la posibilidad de “montársele” o de “jalarle las barbas” al profesor lo hacen sin pensarlo mucho.

Así sucedía con uno de mis colegas del CBTis 70, un profesor extraordinariamente indulgente con sus alumnos quienes aprovechándose de su carácter pasivo le hacían tal desorden en sus clases que molestaban a los maestros de los grupos vecinos, tanto era el ruido en las aulas en donde impartía cátedra que el prefecto de la escuela comenzó a preocuparse…

-Esto no puede seguir así- pensó.

Nuestro compañero prefecto no solamente estaba preocupado por el orden fuera de las aulas, -como le correspondía obviamente-, sino dentro de ellas -es demasiado desorden en los grupos del profesor X, tendré que platicar con él para que por lo menos mantenga cierto silencio en el grupo…- terminó diciéndose.

Pasó muchas horas cavilando acerca de la forma de plantearle el problema al profesor pasivo –intentaría hacer conciencia en él- evitaría a toda costa herirlo en sus sentimientos, ya que después de todo el profesor era buenazo con todo el mundo, por lo que buscó la estrategia y las palabras adecuadas para hacerlo.

Finalmente le dijo así…

-Profesor, permíteme que te comente algo. Yo siento una gran admiración y respeto por todos los maestros que mantienen ordenados a sus grupos, por ejemplo: A, B y C, ellos son motivo de orgullo para el CBTis 70 y para las escuelas de México. En lo que a mi respecta cada vez que los veo no me canso de estrechar su respetable mano, y de felicitarlos por su encomiable esfuerzo para disciplinar a sus alumnos en las horas de clase… ¡NO COMO OTROS! ¡eh!

El colega pasivo, pausado para contestar -y a veces para entender las cosas-, enemigo de las rencillas supo inmediatamente que el mensaje “subliminal” era para él y contestó ¡ipso facto! -Curiosamente esta vez no tardó ni una millonésima de segundo para responder-, dijo:

-Bueno, si no fuera por ¡ESOS OTROS! profesores que dices entonces no tendrías empleo-. Luego sonrió maliciosamente y se retiró de ahí a comentarles a los demás acerca de su hazaña al responder de esta manera.

El prefecto, boquiabierto, a punto de sufrir un shock por las palabras del colega pausado, cuando por fin reaccionó pensó…. ¡No puede ser! ¡Esta respuesta es casi-casi un crimen, una profanación viniendo de este señor! Pero este asunto no concluye aquí amiguito, tendrás que oírme de nuevo y esta vez no tendré misericordia.

Esa noche fue de desvelo para nuestro amigo prefecto, buscó, buscó y buscó hasta que por fin encontró el calibre de las palabras que responderían a tamaña grosería del docente ex-pasivo, -lo que le diré le dolerá más que un pisotón en una uña enterrada-, -se dijo-, y tarde se le hacía para llegar a la escuela.

Llegó a la escuela y no tardó mucho en encontrarse cara a cara con el enemigo, de inmediato desenfundó su ametralladora verbal diciéndole así…

-¡Ah!, Oye profesor, que bueno que te veo. Reconozco que ayer me venciste con tu respuesta, pero hoy te voy a contestar de la manera que debí hacerlo en ese momento- y agregó sonriendo…

-Quiero decirte que gracias a ti y a otros profesores ¡IGUALES QUE TÚ! SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE, voy a tener empleo- ¡Ja! ¿Qué te parece profesor te gustó mi respuesta? ¿¡Eh!?

-Pues si… Está bien, -Contestó tranquilamente el profesor pasivo- Sólo que… ¡Te tardaste 24 horas en decírmela y yo te la dije “al puro juanazo”! ¿¡Qué tal eh! amigo? ¡Te maté otra vez! ¿Si o no?

-No, pues sí. ¡Caray! ¡Ni hablar!

El colega pasivo se retiró de ahí satisfecho de haber “asesinado” por segunda vez a nuestro amigo prefecto, quien a su vez pensó…

-¡Maldición! Un día malo pasa, pero con este ya van dos, y “seguiditos”-

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