Inquietud y Anécdotas.

15 01 2008

Las palabras altisonantes en la escuela.

Siendo profesor en una escuela del nivel medio superior con jóvenes cuya edad promedio es de 16 años, continuamente escucho las palabras fuertes que utilizan para referirse a -casi- todo. Comprendo que estos son otros tiempos muy diferentes a los que viví en mi adolescencia, pero esta es una “modernidad” que me inquieta, no me asusta ni me escandaliza simplemente me inquieta.

Niño EnojadoAntes si uno decía una mala palabra en presencia de un profesor (sobre todo de maestras) era motivo suficiente para suspensión y tache en el expediente, hoy es causa tan solo de una llamada de atención y a veces ni siquiera eso.

No soy moralista ni puritano, incluso a veces yo expreso palabras altisonantes para hacerme entender en un grupo. Al final de cuentas no es su uso lo que quiero cuestionar, más bien es el hecho de que los jóvenes las utilicen con demasiada frecuencia y no se preocupen ni por corregirlas ni por ampliar o por mejorar su vocabulario.

Las palabras fuertes se escuchan en toda la escuela, y las expresan alumnos y alumnas como sucedió en una ocasión.

Un profesor preocupado porque en un grupo de inquietos varones solo había una joven, se dijo para sí la primera vez que estuvo en el grupo, “pobre, a ver como le va con estos muchachos desordenados”. Terminó su clase y la alumna lo alcanzó en la puerta del salón para preguntarle acerca de un libro. Mientras mi colega le informaba pasó por detrás de ella uno de los adolescentes rozando con su cuerpo la espalda baja de la joven que al sentirlo volteó y le dijo al muchacho encarándolo: “ponte en paz hijo de tu chingada madre, o te parto la madre cabrón“. Mi colega, sorprendido pensó “Y yo que pensé que no podría defenderse”. Obviamente les llamó la atención a ambos estudiantes.

Las palabras altisonantes son tan comunes en el vocabulario de los jóvenes que ya ni se fijan cuando las pronuncian, por ejemplo.

En una ocasión llegó una de mis colegas al salón de clases a impartir cátedra. Al entrar vio a un pequeño grupo de jóvenes que conversaban alegremente. Antes de que les dirigiera el saludo normal escuchó parte de lo que decían, por supuesto era una plática plagada de palabras fuertes. Saludó y los adolescentes callaron, deshicieron su pequeño grupo y se acomodaron en sus respectivas butacas. Mi Colega les llamó la atención por su mal vocabulario, y antes de que terminara de “sermonearlos” uno de los jóvenes apuntó a otro con dedo acusador y dijo: “¡Este cabrón fue maestra! ¡¡Chíngueselo…!!”. Mi compañera meneó la cabeza de un lado al otro, sacó un marcador de su portafolio y empezó a escribir en el pintarrón el nombre del siguiente tema. Ya no reclamó ni dijo nada respecto de las palabras fuertes. -No tiene caso- comentó después, -es natural en ellos…

Me inquieta que los jóvenes limiten su vocabulario a una sola categoría de palabras, eso es lo malo y pasa a veces porque en todos lados las escuchan, dentro y fuera de la escuela, por ejemplo.

Una vez hice un viaje de estudios con un grupo de alumnos a la Central Termoeléctrica General Manuel Álvarez en Manzanillo, Colima. Cuando llegamos nos dividieron en pequeños grupos de 6 o 7 personas para hacer un recorrido por las instalaciones de la Central en donde les explicarían, paso a paso, el proceso de la generación de energía eléctrica. Para cada grupo había un guía. Me sumé a uno de los grupos a quienes les fue asignado un guía sui-generis… Palabras más, palabras menos así les habló…

-¿Saben qué? el funcionamiento de esta “pinche” planta está bien fácil, nada más pónganme atención y van a ver.

Al parecer la palabra “pinche” estableció un vínculo de comunicación con los jóvenes de tal manera que los sentí atentos a las palabras del guía no solamente en ese momento sino todo el tiempo. Pero no fue una sola palabra altisonante la que utilizó, la cosa siguió.

-¿Ven ese “pinche” canal que trae agua de mar? Preguntó a los jóvenes.

-¡Si! Contestaron.

-¡Ah!, pues esa agua sirve para enfriar unos tubos que llevan vapor y antes de llegar a los tubos pasa por esta reja, que sirve para detener ramas, troncos y un “chingadal” de basura que trae el agua.

Luego agregó.

-A mi me gusta que me manden a darle mantenimiento a esta “madre” cuando ya le toca, porque tenemos que levantarla y vieran que sacamos un “chingadal” de camarones y hasta langostas de ahí. Luego hasta fiesta hacemos en la planta.

Continuamos el trayecto y el guía siguió explicando el proceso a su manera.

-Ven esos tambos “grandotes”, sirven para guardar combustóleo que traen los barcos a Manzanillo, hagan de cuenta que es la gasolina de la Central.

-Esa gasolina la mandan por esos tubos hasta esa “madre” de tinaco que no me acuerdo como “chingados” se llama (generador de vapor), pero ahí se hace el vapor que les decía. Después todo el  vapor lo mandan por tuberías hasta una maquinota que se llama turbogenerador que es donde se hace la electricidad.

Y así, entre “pinches”, “madres” y “chingados” hicimos todo el recorrido de la central.

Después pregunté a los jóvenes si habían comprendido la explicación del guía y uno de ellos me dijo riéndose: ¡De poca madre profe…! Igual me reí por la alusión que hizo el joven a las palabras del guía.

Concluí que el aprendizaje se dio, aunque la forma de hacerlo pudiera ser cuestionable. Por supuesto que existen mejores formas de explicar el proceso.

Noto que hace falta reforzar el vocabulario de los jóvenes, tal vez introduciendo mejores y más atractivas lecturas que puedan “engancharlos”, despertar su curiosidad e ir cambiándolas poco a poco por otros textos más formales.

Asignaturas como Lectura y Redacción deberían reforzarse en sus contenidos y en su aplicación. Valdría la pena agregar Expresión Oral a la currícula.

logowpnegroazul


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6 responses

21 07 2011
KAIN 30

EN CONTRE ESTE BLOG POR CASAULIDAD, POR LO QUE PIENSO SEGUIRLO A PARTIR DE AHORA, SOY TECNICO TRUNCO DE ISTALACIONE ELECTRICAS, AUNQUE AHORA ME DEDICO AL RAMO RESTAURANTERO, PERO ME GUSTARIA RETOMAR MI INQUIETUD POR LA ELECTRICIDAD,

SALUDOS DESDE LA CD DE MEXICO

9 03 2009
Daniel Alejandro Lafuente

hey si, yo solia decirlas hasta que a mi novia le fastidio, y me dijo.
desde entonces ya hablo mas apropiadamente
ÐΑŅİЄĻ.
………….

Bien por tu novia, felicítala de mi parte.
Saludos.
Ing. I. Guerrero Z.

29 03 2008
Juany

pida desde el primer día de clases de cada semestre a sus alumnos que separen las ultimas hojas de su libreta para formar el vocabulario, que usted empleara en su asignatura y usted escriba cada día las nuevas palabras claves o tecnicas que se emplearon en su sección de clase y permita que las escriban en las hojas reservadas para el vocabulario de su asignatura, no importa si son o no nuevas para ellos, ademas proporciones sinonimos y antonimos, utilice el mayor numero de palabras que se pueda, si es de las maestras que emplea palabras comunes para mayor claridad de su discursos, poco a poco conforme avanza el semestre sustituya estas por el vocabulario tecnico correcto. Si es maestro de especialidad con su academia elabore un libro con el vocabulario tecnico de su especialidad, esto no solo ampliara su vocabulario, al unificar los terminos el alumno podra comprender mejor su o sus discursos, así como relacionarlos con los de otros maestros.
Si cambias como maestro el alumno cambia, se más astuto que tu alumno, detente a observar las cualidades de tus alumnos y refuerzalas, tendras grandes sorpresas

20 02 2008
Leslie

Bueno lo que se dice esta bien pero lo malo es que si le pierden el respeto a los maestros y maestras que saln con cada cosa, esta bien que las utilicen pero hay tiempo para eso y no frente a los maestros que se merecen un respeto y tienen que tenerlo a los maestros que las usan no les tienen mucho respeto y lo digo porque estoy en un grupo que es conformado por más hombres que mujeres y si lo hacen y al igual a maestras ya no nos quieren dar clase por como son deberia de haber un limite para todo hay su tiempo y espacio para usarlas.

18 01 2008
linda

bueno sobre las anecdotas yo creo q si los tiempos han cambiado pero no por ese motivo los maestros,deben dejar que los alumnos sigan actuando como si fuera normal, y tratar de cuando esten en clase no permitan que los alumnos se expresen de esa forma, asi los alumnos sentiran que tienen que tenerle respeto a sus maestros. y los maestros podran hacer valer sus autoridad en clase bueno es mi opinion.

17 01 2008
Raul S.

Buenas tardes.
Mi comentario es con respecto a la anecdota de las malas palabras. Maestros, por favor no se rindan y hagan respetar su autoridad al menos en su salon de clases durante su catedra. Lo digo por que pienso que lo que nuestros jovenes han perdido son “las figuras de autoridad”, por lo tanto no hay frente a quien mejorar la conducta o el lenguaje.
Yo se que no es solo su responsabilidad, ya que, la cultura en general y el vocabulario en particular se traen desde la casa. Pero creo que si se puede poner la regla mientras estan en “su clase”. Saludos y gracias por su valor.

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