Estrenando auto.

23 06 2007

Me sucedió hace varios años.

Cierta vez uno de mis colegas llegó al CBTis 70 estrenando un precioso y lujoso automóvil del año, cuando lo vi pensé, <debió costarle un dineral>.

Al día siguiente coincidí con mi colega del auto nuevo en uno de los pasillos de la escuela y no quise desaprovechar la oportunidad para saber acerca del precio del vehículo, por lo que inicié conversación con él. Le dije cordialmente…

-Hola profesor, ya lo vi estrenando auto, muy bonito por cierto, ¡felicidades!-.

-Gracias. Ahí lo tienes a tus órdenes-. Contestó amablemente.

Su cara dibujó una amplia sonrisa de satisfacción al saberme enterado del suceso y más aun por vislumbrar la posibilidad de hablar del automóvil, cosa perfectamente normal en cualquier persona que tiene auto nuevo, así que me sentí obligado a continuar el tema para darle oportunidad al colega de externar toda su alegría por tan preciosa adquisición… y también como estrategia para obtener la información que me interesaba (el costo del vehículo) ya que mi colega es extraordinariamente reservado en asuntos de dinero.

-¿Y de cuántos cilindros es? –Pregunté.

-De cuatro, súper económico, automático, tiene cristales eléctricos, control remoto para todo, aire acondicionado, seguros eléctricos, estéreo para discos compactos, la garantía es por tres años contra defectos de fabricación…- Casi me leyó de memoria el manual del automóvil.

Después que escuché todo el rosario de características (y otras cuentas de pilón), en cuanto hizo una pequeña pausa para tomar aire, intenté cerrar esa parte del tema y saltar rápidamente a la pregunta acerca del precio del automóvil, por lo que le dije…

-Sí, la verdad es que adquirió una verdadera joya de la ingeniería moderna profesor, seguro debe valer lo que invirtió en él, espero que algún día me permita ver el interior de su auto para “sentir” sus espacios…-

Me contestó: -Pues… ahí puedes verlos “por fuerita” por lo vidrios de los lados-.

¡Uf! Eso si, que me disgustó…

¿¡Quéeee!? Pensé… si la más elemental de las cortesías le obligaba decir… -¡Claro que sí!, cuando gustes- o más allá todavía -Si quieres vamos ahora mismo…- Pero no fue así, en lugar de eso recibí un soberano descontón…

¿¡Ver “por fuerita” el interior del auto!? ¡Qué va! Ya me viera fisgoneando el interior desde las ventanillas como un vulgar ladrón o como un chiquillo curioso ¡Bah!

Mi buen ánimo se desvaneció, di por terminada la conversación y me despedí del colega diciéndole:

-¡Ah! Ok´ Profesor, en una oportunidad lo haré, con permiso…-

Del precio ya ni le pregunté no sea que me hubiera contestado: -Pregunta en la agencia, ahí te informan…-

¡Ja! Me falló la estrategia…

P.D. Con el correr de los años nos vienen a la mente estos recuerdos y son motivo de diversión para todos.


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