Otra más de nuestra historia…

19 04 2007

“El profesor desconocido”

(Perdón por las palabras altisonantes que escribiré, pero la historia es así).

En una ocasión se reunieron varios colegas profesores en un pequeño parque de la localidad denominado “el Salatón”. La reunión fue solo para convivir un rato, en realidad no había un motivo especial para festejar.

Después de conversar alegremente y de ingerir algunos “refrescos amargos”, la oscuridad se hizo presente y con ella llegaron -como si los trajera la noche- un grupo de soldados que de manera inusual hacían un rondín por el pueblo. Como los militares vieron a mis colegas en un lugar público ingiriendo bebidas espirituosas, inmediatamente los rodearon encañonándolos con sus armas de grueso calibre.

El temor se hizo presente.

Los soldados comenzaron a revisarlos minuciosamente de pies a cabeza, preguntando al mismo tiempo nombre, dirección y ocupación de cada uno.

Con el miedo encima cada quien informó lo que recordó, pero todos coincidieron en su ocupación.

-¿¡Así que son maestros! ¡eh!? Preguntó el jefe de los soldados.

-¡Sí! Contestaron todos en coro.

-¿¡Y que “jijos” de la chingada están haciendo aquí bebiendo cerveza en un lugar público!? Preguntó el militar.

Nadie respondió. De nada hubiese servido que mis colegas le explicaran al militar que ese parque es utilizado comúnmente por la población como punto de reunión para familias y amigos, y que bajo el supuesto de la “sana” convivencia las autoridades locales a veces toleran -por desgracia- que la gente ingiera bebidas embriagantes en él. Al final de cuentas el militar tenía razón, siendo un lugar público eso no debía hacerse.

En ese preciso momento llegó otro colega en su pequeña motocicleta.

El recién llegado lucía una cabellera abundante y desaliñada. Ostentaba además una escasa barba a medio crecer y llevaba un cigarrillo en su boca. La zona en donde se ubica el parque es terregosa y era la temporada de verano por lo que había mucho polvo en el viento. Todo lo anterior acumulado, más una camisa desabotonada en la parte superior para disipar los calores de esos días, le daban a mi colega cualquier aspecto en la semi-oscuridad, menos el de un profesor.

Al llegar al grupo nuestro amigo bajó de su mini-moto y se metió entre los encañonados.

-¿¡Y éste cabrón qué!? Pregunto el militar extrañado por la intromisión del colega.

-También es maestro. Contestó alguien.

-¿¡Que qué!? ¿¡También es maestro!? Exclamó incrédulo el militar al ver el aspecto del colega recién llegado.

-¡Sí! Confirmó alguien.

El militar movió varias veces su cabeza de un lado para el otro, negándose a creerlo.

Quien sabe que pensaría, el caso es que ya no preguntó más, simplemente dijo a sus soldados, -¡Vámonos!-, y se retiraron de ahí.


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: