Continuando mi reflexión en torno a las tutorías.

24 03 2007

2. La apatía de los alumnos hacia las tutorías.

lionessesCada vez noto con mayor frecuencia que los jóvenes viven una vida vacía de objetivos, veo que carecen de una visión a futuro. Me parece que la mayoría no tienen metas y a veces ni siquiera sueños de llegar a ser personajes importantes en su medio o más allá, simplemente se conforman con lo poco que tienen y no aspiran a nada más.

Me pregunto: ¿en que pensarán los adolescentes?

Mi respuesta no es muy halagüeña, creo que actualmente las únicas preocupaciones que tienen los muchachos son: estar con sus amigos, ir a las fiestas, ir a la plaza pública, jugar nintendo (o similar) o ir a las “maquinitas”, ir a la escuela solo porque los mandan sus padres o solo por ver a sus amigos, etc. Estas son las cosas importantes que ocupan su vida. ¿Y las tutorías? ¡bah!, no les interesan para nada, presionan para salir del aula con cualquier excusa, inventan cosas, o simplemente no se presentan a ellas. Asisten bajo amenaza de “bajarles” puntos en su calificación si no lo hacen, y los pocos que ponen atención son aquellos que por lo regular ostentan buen récord escolar, pero si se les deja elegir entre asistir o no sin ninguna consecuencia, no van a tutorías, ni unos ni otros. 

No pretendo ni remotamente que un adolescente piense igual que yo, son muchos años de diferencia, vivimos mundos diferentes, pero veo mucho desinterés de los muchachos en las cosas que verdaderamente deberían importarles. ¿Será que ya estoy demasiado viejo…? Los jóvenes de la actualidad no quieren comprometerse a nada. Voy a relatar la siguiente anécdota al respecto… En una ocasión se presentó en el CBTis 70 un conferencista. Una de esas personas que buscan motivar o por lo menos sensibilizar a las personas para que hagan cambios en su vida. Pues bien, después de hablarles por más de dos horas a un grupo de aproximadamente noventa jóvenes de sexto semestre (17 años de edad en promedio) reunidos en la sala audiovisual de la escuela, luego de charlar con ellos y hacerlos que participaran activamente en la conferencia (conste que el expositor consiguió captar su atención) entonces les hizo la siguiente pregunta: ¿quienes de aquí se quieren comprometer a cambiar su vida? ¡que levanten su mano! -dijo con energía-. Ninguno levantó su mano. Un segundo después el conferencista alzó la voz y les repitió la pregunta consiguiendo que solo dos jóvenes lo hicieran. Yo que veía la escena, no pude más que sentirme mal. ¿Cómo es posible? -me pregunté más tarde- que después de que este señor con toda su experiencia y sus estrategias en manejo de grupos (conste que lo hizo muy bien) haya expuesto con sabiduría los temas de la juventud y que todo el auditorio aprobara sus palabras con sus expresiones, solo dos de noventa alumnos del auditorio hayan tenido el valor de comprometerse a cambiar su vida. Desde luego que dos son más que ninguno, pero son pocos, muy pocos… Por desgracia así sucede con nuestros alumnos de bachillerato, no quieren comprometerse a nada más que a vivir su vida como se presente, sin aspiraciones de ninguna especie, sin nada más que “entretener al tiempo”. Pocos, realmente muy pocos tienen metas claras y son menos aun los que se atreven a manifestarlas.

Pero, toda actitud tiene una razón de ser, toda conducta por más equivocada que sea tiene su por qué. En mi opinión las causas de la apatía de los jóvenes tanto en las tutorías como en su educación en general son las siguientes.

En primerísimo lugar está la falta de unidad de las familias, producto a su vez de la mala comunicación de los padres con sus hijos. Luego está la influencia perversa del medio ambiente en el que viven (amigos, extraños, sociedad en general) y también están de los medios de comunicación carentes de buenos y motivadores contenidos. Explicar cada uno de estos factores sería motivo de hacer no un libro sino un tratado y al final de cuentas solo serviría para demostrar lo que digo.

Después de todo, analizándolo bien, solo una mínima parte del problema les corresponde a los muchachos, y el resto -el gran resto- es culpa de su entorno. Por lo tanto hay cosas que desde nuestro ámbito particular los padres de familia y los docentes como parte de ese entorno cercano tenemos que realizar en favor de ellos.

Respecto de los Docentes, como ya lo dije en mi anterior comentario, nos resulta complicado llevar a cabo con eficacia las tutorías -que serían el medio ideal para motivar a los adolescentes-, por la carga de trabajo que tenemos la mayoría, lo cual desde luego no es pretexto para quedarnos con los brazos cruzados y hacer aunque sea el mínimo esfuerzo que significaría platicar con los jóvenes tratando de orientarlos. Pero en lo que respecta a los padres de familia el esfuerzo tendría que ser doble.

Por parte de los jóvenes el esfuerzo debería ser en el sentido de comprender que todo lo que hacen sus padres y la escuela por ellos es porque vivan una vida mejor. Sabemos que conforme pasa el tiempo el empleo escasea, sabemos también que cada vez las empresas e industrias exigen mayor competitividad en sus trabajadores, por todo ello el futuro se vislumbra más difícil para las nuevas generaciones, pero los jóvenes no lo perciben y esa es la principal preocupación de todos, padres de familia y profesores.

Solo me resta en este punto hacer un exhorto a nuestros alumnos para que trabajen más en aquello que necesitarán en su futuro inmediato, el cual cada vez se les acerca con mayor rápidez.

Es comodo ser niño, pero… ya no lo eres.

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