Dos de las cosas importantes que hacen falta en las escuelas del Nivel Medio Superior, son la sensibilización y la concientización de sus nuevos trabajadores. Alguien podría corregir diciendo, ‘¿sólo de los nuevos? más bien de todos’, y tendría razón quien lo dijera así, pero gran parte de la problemática educativa que se vive se reduciría si al principio, cuando el trabajador inicia su vida laboral, se le hiciera consciente de la gran responsabilidad que asumirá.
En nuestro caso particular -DGETI- la absoluta gran mayoría de los trabajadores docentes somos egresados de diferentes carreras y escuelas. Hay licenciados en diversas especialidades, hay médicos, arquitectos, ingenieros, y en un porcentaje mínimo existen profesores normalistas, estos últimos con una formación diferente a la que tuvimos quienes asistimos a un tecnológico o universidad, y que fuimos preparados para resolver problemas no de grupos escolares sino de otros ámbitos, pero que igual hemos aprendido a hacerlo viviendo experiencias a lo largo de los años en la escuela.
El caso es que para cualquier licenciado, médico, arquitecto, o ingeniero que ingresara a laborar a una escuela del NMS, el estar frente a grupo en un principio resulta complicado precisamente por el desconocimiento de las técnicas, métodos, y todo aquello que los profesores normalistas aprendieron en su escuela. Por otra parte, ya no son los tiempos de antes en los que el control de los jóvenes era más fácil porque había más respeto hacia la figura del profesor (independientemente de sus orígenes) por ser el dueño absoluto del conocimiento, hoy hacen falta más cosas para controlar al grupo escolar, incluso aun siendo un experto en los temas a desarrollar.
¿Qué se hace en las escuelas del Nivel Medio Superior para resolver el problema de la falta de técnicas, métodos de enseñanza, derechos y obligaciones laborales y nulo conocimiento del sistema al que ingresa el nuevo trabajador? Al principio nada, absolutamente NADA. Se contrata a un profesionista para que imparta una materia, se le da un programa que contiene los temas a desarrollar, se le asignan los grupos y su horario de trabajo, y… ¡a dar clases! Si bien le va ¡ja!, el Director de la escuela le da su bendición o algún amuleto de la buena suerte que le permita atenerse a algo en sus primeros días de labores con jóvenes adolescentes -casi niños- deseosos de divertirse con cualquier cosa o persona. Si termina bien el primer día ¡ya ganó! pero a veces, terminarlo bien es mucho pedir. Y es que, no es lo mismo saber un tema que explicarlo a un grupo de cincuenta jóvenes; no es lo mismo estar en una reunión ajena a la escuela explicando cualquier cosa, que estar frente a jóvenes que en principio dan por hecho que sabes de lo que hablas, pero que si descubren lo contrario (y eso para ellos es muy fácil saberlo con solo observarte) de inmediato pierdes su atención y el poco respeto que pudiste haberles inspirado en los primeros instantes de tu clase (agreguemos la internet que juega en contra del profesor al momento de exponer un tema ya que el joven puede visitar Wikipedia en su celular o Tablet para saber si es cierto lo que se le está diciendo); no es lo mismo tener la atención de una persona que necesita saber algo que intentar captar la atención de jóvenes que tienen su mente enfocada en otras cuestiones (por lo regular ajenas a la escuela); no es lo mismo bromear con adultos que hacerlo con un grupo que no tiene plena conciencia de los límites que hay para cada cosa; no es lo mismo evaluar en sus conocimientos y en su proceder a una persona, que hacerlo con un grupo numeroso; no es lo mismo, etc., etc., etc. Leer el resto de esta entrada »
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