El último maestro.

30 11 2010

Inspirado en un cuento de David García Velo
Ignacio Amatanejo
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El último Maestro.

La educación había venido decayendo desde antes del año 2000, desde entonces los profesores debatían en asambleas académicas acerca del por qué sus alumnos habían perdido el interés de estudiar. Unos discutían con honestidad el problema, mostraban una sincera decepción pues sabiendo del potencial de los jóvenes no encontraban la forma de motivarlos ni aun cambiando estrategias académicas, otros, simplemente veían la situación como un argumento más -que no el único- para justificar su propio desinterés, el caso es que pisar un salón de clases era en aquellos días agobiante para todos. Desde ese tiempo ya había pocos maestros comprometidos con su quehacer, disciplinadores cada vez menos, los más lo consideraban un trabajo cualquiera al que se ingresaba por un favor y se cumplía sin amor. Todavía peor, nadie ajeno a la escuela se comprometía a nada, ni la sociedad, ni los medios de comunicación, ni siquiera los padres de familia ponían suficiente atención en la educación de sus hijos, así pues, hechas las cuentas, el saldo era negativo. Hoy, a poco más de cien años de empezar el declive, finalmente el sistema educativo tal como lo conocieron decenas de generaciones está a punto de finalizar.

El último maestro sobre la faz de la tierra, moribundo, yace postrado en una cama abrumado por la enfermedad de la vejez. Sumido en sus pensamientos recuerda cómo antaño se llevaba a cabo la educación: grupos de jóvenes reunidos al aire libre o en espacios limitados por paredes llamados aulas, y las aulas formando escuelas, recibiendo información del profesor, estudiando y aprendiendo en armonía. En ese entonces el profesor era el dueño absoluto del conocimiento, era el todopoderoso al que se le respetaba o se le temía por su saber. Pero eso terminó con la invasión de las computadoras, llegando a tal punto que el sistema tradicional de transmisión del conocimiento, se derrumbó.

Las computadoras reclamaron a los profesores el espacio que durante mucho tiempo les había pertenecido, y vencieron, en ellas estaba ahora todo el conocimiento humano acumulado durante miles de años, nunca ningún mentor podría igualarlas en volumen de información capturada en sus memorias de silicio, monótonas y exactas. Todavía más, las computadoras enlazadas por la vieja red llamada internet hicieron ver ridículo el conocimiento que poseía un profesor. Todo evolucionó hasta el punto en que el sistema educativo maestro-alumno, se transformó en computadora-alumno.

Y se llegó a ello porque desde principios del siglo 21 los jóvenes ya no escuchaban a sus profesores, estos se habían convertido en meros “cuidadores” de sus alumnos, y solo eso, porque el conocimiento ya no les pertenecía. El sistema educativo tradicional entonces se volvió obsoleto, ya no satisfizo a nadie ni siquiera a los mismos profesores, a los jóvenes menos. Surgió pues la necesidad de cambiarlo.

Los gobiernos del mundo se dieron cuenta del enorme potencial de las computadoras y allá en el año 2040 empezaron a cambiar formalmente al sistema educativo. Entonces despidieron a centenas de maestros y contrataron a decenas de programadores de computadoras para que hicieran programas que simplificaran las matemáticas estudiadas en los diferentes niveles de la educación formal: primarias, secundarias, bachilleratos, licenciaturas, maestrías y doctorados, los cuales una vez realizados funcionaron mejor que los maestros. Luego hicieron programas para las demás áreas científicas, sociales y tecnológicas de la educación, y también funcionaron. Los programadores de computadoras se convirtieron entonces en los encargados de hacer asequible el conocimiento y de motivar a los estudiantes. Los profesores empezaron a formar parte del pasado, pasaron de ser una especie en peligro de extinción, a una especie rara.

Con el nuevo sistema Computadora-Alumno la educación mejoró, tenía que ser, porque los jóvenes ya habían perdido el interés de escuchar a sus arcaicos profesores, además ¿qué tanto conocimiento podía tener un mortal comparado con la internet de entonces? Ninguno, prácticamente NADA. Entonces los jóvenes se acostumbraron a descubrir todo en las pantallas, obtenidas éstas gratuitamente, donadas por los gobiernos y las grandes corporaciones, incluso llegó el tiempo en que ni siquiera los monitores eran necesarios pues a mitad del siglo 21 fueron remplazados por sistemas holográficos, que proyectaban imágenes en tercera dimensión con los temas a tratar dirigidos por personajes virtuales diseñados al gusto del aprendiz. ¿Las aulas? Las aulas ya no existen, cada quién estudia lo que quiere en su casa, ahí recibe la información que le permite incorporarse a la masa de trabajadores.

El último maestro recuerda con tristeza a sus últimos colegas que murieron cumpliendo su deber en manos de jóvenes desorientados que pensaban que asistir a las escuelas a recibir educación era lo peor que podía sucederles. Los muchachos se sublevaron, los atacaron en las pocas y viejas escuelas que aún quedaban, los hicieron sus rehenes y finalmente los asesinaron. Fue un hecho que lamentaron pocos y que conmovió a nadie. Con ese acto los gobiernos del mundo pusieron punto final a todo un ciclo de instrucción que viera sus primeras luces en la antigua Grecia con aquellos grandes maestros como Pitágoras, Aristóteles, Platón, y en China con Confucio. Cerraron las escuelas, pero algunos nostálgicos profesores se resistieron a abandonar su cátedra y siguieron desarrollándola por algunos años en el más absurdo anonimato, pero no podían durar mucho… 

Es el año 2150, el último maestro yace postrado en una cama rodeado de soledad, no hay alumnos, no hay escuelas, todo acabó, y con un lastimoso quejido expira. Con él se van a la historia millones de maestros que dejaron su vida en las escuelas. Con él se van a la historia la imaginación creativa y la motivación influida por humanos, la gente dice ahora ¿para qué maestros? si es más fácil vivir con el conocimiento digerido que nos dan las máquinas. 

Ignacio Amatanejo.

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One response

15 12 2010
Hugo Rosales Reyes

Maestro Ignacio:
Es gratificante leer “El último maestro”, debo admitir que, (muy a mi pesar), parece inminente que ese es el destino, en parte, de los que trabajamos en educación. Sin embargo yo considero que el hombre, como ser social que es requerirá siempre de aquellos que consideramos y sentimos que nuestra misión es ayudar a que otros trasciendan y por supuesto que debemos adecuar nuestras prácticas educativas para utilizar la benevolencia de los avances tecnológicos, generando accciones congruentes con los intereses de los estudiantes que, en mi opinión siempre necesitarán del apoyo de un profesor, un maestro, un tutor.
Si no se redefinen las regas actuales de nuestro sindicalismo, ni hablar, ya estámos muertos en vida.
Con todo respeto opino.
……………

Hola mi siempre estimado Maestro Hugo…
Gracias por comentar Jefe Hugo y ojalá tengas razón, porque sería triste -de verdad muy triste- que sucediera como digo en el cuento. Pero desgraciadamente todo apunta hacia ello y es una situación que no le veo otro final.
Efectivamente los humanos somos seres sociales por naturaleza, unos más y otros menos pero todos tenemos espíritu social, no obstante si se trata exclusivamente de educación me parece que ya desde hoy los profesores REALES perderíamos la batalla contra los maestros VIRTUALES si existiese en nuestros días la posibilidad de crear personajes proyectados holográficamente frente al alumno que les explicaran un tema. Imagina por ejemplo al mismísimo Pitágoras explicándole a un alumno su teorema… si hoy existieran los medios para hacerlo ten por seguro que ya estaríamos archivando nuestros útiles escolares para siempre Jefe Hugo (o empacando las maletas), lo anterior tratándose de estudiantes que de verdad tomaran en serio su educación, pero como le decía a nuestra estimada colega la Profra. Ma. Eugenia, si fueran grupos de varones inquietos seguramente elegirían que quien explicara el tema fuera una maestra diseñada al gusto (de minifalda y escote pronunciado) y todos felices, no importándoles un cacahuate si la misma fuera solo un personaje virtual. O que te parece William Levy explicándoles lo mismo a nuestras jóvenes alumnas (iba a escribir Ricky Martin pero recordé que… y quizá por ello a lo mejor ya no les interese igual que antes ¡Ja!).
El hecho de que en el aspecto educativo cambiara la forma no implicaría que los jóvenes dejaran de ser seres sociales, no, es solo que en lo estrictamente educativo podrían prescindir sin ningún problema de lo social, no perdiéndolo en otras actividades inherentes a su vida.
Pero en fin, ojalá me equivoque.
Un abrazo Jefe Hugo y mis mejores deseos de unas fiestas navideñas llenas de salud y prosperidad para ti y tu familia, e igual un deseo de un 2011 lleno de renovados bríos y más logros académicos de los que ya has conseguido.
Ing. I. Guerrero Z.

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