23 de junio de 2008
1. Cuando la energía se volvió gratis
En toda sociedad; la organización es primordial, más aún cuando existen servicios vitales de por medio. Se imaginan que un día nos digan que la energía es gratis…..no quiero ni pensarlo…sería un desastre. Les voy a contar el caso de una población pesquera llamada X-Calak, ubicada a 3 horas aproximadamente de la ciudad de Chetumal, Quintana Roo.
Resulta que años atrás, este poblado totalmente pesquero no contaba más que con una planta de generación a diesel totalmente obsoleta; más bien era como reliquia de museo, pero a fin de cuentas proveía de electricidad por 4 horas diarias más o menos, siendo un problema cotidiano el mantenimiento manual, así como los problemas económicos necesarios para su funcionamiento (por ejemplo; traer el diesel cada dos o tres días desde la capital en vehículo particular). Esta situación se mantuvo así por varios años.
Posteriormente; como aparente solución, se instalaron alrededor de 300 módulos solares y 6 generadores eólicos donados por empresas extranjeras (ver arreglo en imagen). Hasta aquí todo parecía que pintaba bien, pero desgraciadamente cuando los extranjeros se fueron después de instalarlos, nadie se ponía de acuerdo en quien se haría cargo de dichos equipos, que por más “alternativos” que fueran, necesariamente tenían que ser administrados y con un buen plan de mantenimiento (sobretodo los generadores eólicos)…
Como nunca se responsabilizó a nadie y la energía se volvió “gratis”……pronto, los problemas empezaron a aparecer: Los pobladores empezaron a adquirir más neveras para congelar sus productos, así como equipos de entretenimiento y obviamente el sistema alternativo…se fue a pique. Los generadores empezaron a sobrecargarse (la mayoría se quemaron) y las baterías de los módulos empezaron a tener demasiados problemas de carga y descarga. Finalmente, los pobladores poco a poco empezaron a saquear los módulos que aún seguían funcionando, hasta desmantelar todo por completo.
Lo único que podemos rescatar de esta experiencia es que el factor social es clave para el buen o mal funcionamiento del mismo, dependiendo de cómo se aplique. Como alguien diría: solo cuidamos lo que nos cuesta.
2. Cuando el idioma interviene en la comunicación.
La comunicación es un arte de expresión; eso queda claro, …la cosa empieza a complicarse cuando te ves involucrado en una situación en donde interactúas con una persona con idioma diferente.
Recuerdo que en el año de 1997; casi a unos pocos meses de ingresar a la carrera (por cierto; la carrera se llama Ingeniería en Sistemas de Energía), se nos invitó a formar parte de un equipo de trabajo que tendría nada menos que la instalación de acometidas aéreas en un poblado costero llamado X-Calak, aproximadamente a 3 horas de la ciudad de Chetumal, capital del Estado de Quintana Roo. El responsable directo de aquella actividad era una empresa norteamericana llamada si mal no recuerdo Energía Total, la cual contaba con fondos del Banco Mundial. Todo esto se debía a que próximamente llegaría la línea eléctrica a dicho poblado.
Todos los preparativos transcurrieron sin problema alguno. Cuando finalmente nos encontramos en X-Calak alrededor de 12 estudiantes mexicanos y 4 personas americanas, lo primero que hicimos fue formar parejas de trabajo.
Uno de esos días, me tocó trabajar con un americano. Intercambiamos una que otra palabra, sin entendernos realmente. Era más nuestra comunicación en “señas”. Pero el problema estaba por empeorarse, ya que cuando él se subía a la parte más alta del poste, se giraba y me decía el nombre de una pieza en Inglés para que yo se la mandara, pero simplemente no le entendía nada. No me quedaba más que señalar uno a uno cada pieza o herramienta que tenía dentro de una carretilla. ¿Se imaginan? Eran alrededor de 60 diferentes piezas. El problema mayor era que nadie sabía los nombres ni en español. Como ustedes comprenderán no era un caso aislado, esto sucedía con las otras parejas que trabajan con americanos. Obviamente esto retrasó mucho los días programados para realizar dicha actividad.
Finalmente, acabamos poniéndole apodos a las piezas y cada día que pasaba resultaba más fácil.
© Ing. Erluin Omar López López












































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