15 de Mayo Día del Maestro.
Me nace escribir lo siguiente…
Un maestro es una oportunidad de aprender algo, bueno o -por desgracia- malo, pero siempre representa una oportunidad. De los buenos maestros los estudiantes deben aprender lo que tienen que hacer, y de los malos lo que no deben hacer.
Me encantaría que solo hubiera buenos profesores, qué más quisiera yo. Me encantaría que el sistema educativo cumpliera su misión cabalmente. Me encantaría que este país viviera dentro de la ley y el orden. Hay tantas cosas que me gustaría que sucedieran. México podría ser –y en esto no me cabe duda- la más grande potencia del mundo, hay inteligencia para hacerlo, pero estamos “atorados” en cosas tan infantiles a veces, que veo complicado avanzar de manera importante en el futuro inmediato, mientras tanto, nuestra inteligencia la utilizamos para cosas intrascendentes. Hace falta pues revolucionar nuestro sistema educativo para avanzar con mayor celeridad.
Pero a pesar de todos los problemas que tenemos como sociedad, ahí están muchos maestros navegando contra la corriente, haciendo su quehacer importándoles poco si los políticos o los demás hacen o no el suyo, o si la gente valora su trabajo. A estos profesores quiero referirme hoy, a aquellos que trabajan sin importarles si es dentro o fuera de la escuela, sin importarles la hora, sin importarles incluso sus cosas personales, a aquellos que van al salón de clases a impartir cátedra como si fuera la última vez. Estos son los buenos profesores y de ellos todos tenemos que aprender.
De los buenos profesores que participaron en mi formación cuando cursé mi educación media básica –todos, afortunadamente (Profrs. Raúl Rodarte -conocedor de su área-, Porfirio -profesor de español-, Rosa -maestra de matemáticas, las explicaba muy bien-, Raúl Cuauhtémoc -de carácter difícil pero sabía de lo que hablaba-, Nicandrina -maestra de lectura y redacción, fomentó mi gusto por la lectura-, Héctor -maestro de Agricultura le decíamos “El Agricolito” por estimación-, Vicente -era el Director de la escuela-, “El Ganadero” -me impartió clases de ganadería- y “Garringo” -con quien tuve clases de talleres y soldadura-)-. Entre todos recuerdo al profesor Julio Luís con su vestimenta característica: pantalón negro, camisa blanca y siempre de corbata, de carácter moderado y tranquilo, conocedor de los temas que impartía, con quien estudié la materia de apicultura en la escuela secundaria No. 4 Emiliano Zapata, de Las Varas Nayarit (antes E.T.A. No. 42). La última vez que lo vi -hará cosa de unos 13 años- se conservaba increíblemente igual, espero que esté bien -igual que los demás-. Vivía en Tepic, Nayarit.
Nunca es tarde para ofrecer un reconocimiento a los buenos profesores, vaya pues desde este modesto espacio mi recuerdo por ellos y mi agradecimiento a la vida por haberme cruzado en su camino.
“Un buen Maestro es como un artista, tiene la facultad de hacer de una montaña de barro una obra de arte. Aquel que solo amasa y forma figuras ordinarias no pasa de ser un hombre común. Aquel que logra hacer verdaderos monumentos convirtiendo a los adolescentes en seres concientes, puede por ello sentirse satisfecho y orgulloso cuando le llamen Maestro, pues ha cumplido su misión”.
Ing. I. Guerrero Z.













































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