Estudiar a último momento… una historia REAL.
Mis manos tiemblan como nunca. Mi cuello, totalmente rígido. Mi espalda, sudorosa…
Estoy sentado, viendo cómo el “Profe…” reparte el maldito examen. Avanza fila por fila, haciendo zigzag entre sus víctimas, casi en cámara lenta. El papel llega a mis manos. “Parcial de… ”, “Recuperación de…”, “Final de…” que importa… ¿¡A quién le miento!? Si es parcial, me da miedo no saber con que me matarán. Si es de recuperación, el miedo aumenta por ser la última oportunidad y si es un final… adiós escuela.
No tengo escapatoria. Doy una primera leída rápida, y parece que estuviera leyendo en árabe. Cierro los ojos, doy un profundo respiro, y lo intento de nuevo. Primer punto… está en chino. Segundo punto… En algún lado escuché hablar de esto. Tercer punto… Algo puedo inventar. Cuarto punto… ¡Esta pregunta estaba en la carpeta! ¡¡Chinnn!! ¿Por qué no estudié?
Los segundos pasan lentamente, mi mano escribió solo algunas palabras que a duras penas salieron de mi cerebro. Faltan siete minutos para que todo acabe y alguien le hace una pregunta al “profe” en voz alta, de esas preguntas con respuesta incluida. Me convenzo de que los que preguntan algo en realidad ya saben la respuesta, y lo hacen sólo para demostrarnos a los demás, simples mortales, que somos inferiores en esa materia. Con la pregunta empiezo a recordar algo del primer punto, y empiezo a escribir como desesperado. Las palabras me salen a la carrera, escribo como loco, mi lapicera se mueve como nunca. Una chispa de ilusión surge en mi mente, pensando que puedo llegar a aprobar. Sigo escribiendo, sigo sonriendo como nunca… Todo perfecto, demasiado perfecto.
Tenía que llegar esa palabra, esa maldita palabra para estropearlo todo… Leer el resto de esta entrada »














































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