Poner un 6 de calificación a un alumno sin merecerlo ¿realmente lo ayuda?

12 06 2007

I. GuerreroUn día un alumno me dijo: “Profe”, ¡ayúdeme! póngame aunque sea un seis de calificación.  

Recuerdo que le contesté: “si estuviera seguro que poniéndote un seis verdaderamente te ayudaría, ten por seguro que lo haría.” Luego agregué “dame una razón, una buena razón que me haga entender que ponerte un seis es ayudarte y no crearte un vicio. Si me das un buen argumento no será un seis, te pondré un diez de calificación.” 

El muchacho respondió sin titubear: -es que voy mal en su materia “Profe”…- 

-¿Y por qué vas mal en mi materia?- pregunté.

-Porque no he estudiado lo suficiente.-

-¡Bah!, entonces estudia más.-

-¡Oh Profe!, ¡así no!, dígame, ¿cual es una buena razón para usted?- 

-Una buena razón para ponerte un seis de calificación sin que te lo hayas ganado, es aquella que promueva en ti algo positivo y no te vuelva un atenido o desinteresado en tus estudios. La ayuda para que sea buena además de resolverte un problema inmediato debe generar en ti un sentimiento de superación. Según veo, si te pongo cualquier calificación aprobatoria sin habértela ganado lo único que voy a conseguir es volverte más flojo de lo que probablemente seas… De nada sirve que me digas que de hoy en adelante vas a estudiar, esas palabras ya las he escuchado varias veces y siempre es lo mismo al final de cada semestre.-

Luego agregué -Dame otra razón… pero que sea una buena razón.- 

Como el joven se quedó pensando amplié mi oferta a todos los que estaban ahí (un grupo de cuarenta alumnos), les dije:

-”El que me de una buena razón para ponerle un seis sin merecerlo lo paso con diez sin discutir nada”.-

Seguro les resultó atractivo el ofrecimiento porque la mayoría dejaron lo que estaban haciendo y casi de inmediato dijo uno:

-Profe, si acredito su materia mis padres se van a sentir bien, por el contrario si la repruebo se pondrán mal y usted va a tener la culpa, así que páseme aunque sea con un seis…-

Se escucharon risas y murmullos en el aula.

-¿Es amenaza o chantaje lo que dices…?- contesté -Nada más faltaría que me echaras la culpa de todas las desgracias que le pasaran a tu familia por no acreditar mi materia- le reclamé en tono de broma.

-Usted tendría la culpa porque usted es el que pone la calificación.- Me dijo el joven seriamente, e igual le contesté.

-Bueno… yo solo pongo el número que corresponde a lo que acumulaste durante un periodo. Si cumpliste con todo entonces tu calificación será la más alta, por el contrario si tienes poco, será menor. En otras palabras yo solo soy el MEDIO para que consigas una buena o mala calificación, pero el que actúa eres tú y de ello depende lo que saques.-

-Para explicarme mejor, cuando escribes, ¿tiene la culpa el lápiz de lo que escribiste?- le pregunté al joven.

-No. La culpa es del que escribe.-

-Bien. El lápiz, igual que yo solo somos un medio para que tú consigas algo, en mi caso conocimientos… y una calificación por ellos. Entonces, ¿por qué me encimas la culpa de lo que les pase a tus padres si yo solo soy el medio para que saques un diez?-

Pregunté y luego agregué. -Eso es tanto como decirle al lápiz, ¡escríbeme una hermosa carta y di palabras bonitas para mi amada!-

-Si se enferman tus padres, porque no acreditaste mi asignatura, ese es el resultado de tus acciones equivocadas, por no estudiar.-

El joven se quedó en silencio… pero de inmediato otro empezó a hablar, dijo:

-Profe, si usted me pasa con un diez, para mi va a ser el mejor profesor de todos, el más estimado, el más buena onda, me va a hacer sentir bien y usted también se va a sentir bien.-

Más de uno del grupo le gritó al muchacho “barberoooo”.

Sin embargo le contesté:

-Si, para ti voy a ser el Profe más “cool”, pero para los demás voy a ser un Profe “barquito”-, contesté -y créeme que no me gusta serlo.-

Buscando terminar el tema, les dije.

-Se los voy a dejar de tarea. El que me traiga mañana una buena razón que deje claro que al acreditarlo sin merecerlo, o al subirlo de calificación es verdaderamente positivo para él o para cualquiera, le pongo el diez como ya dije. Entiéndase: POSITIVO.-

Dije esto último y continué con la clase normal.

Al siguiente día les pregunté acerca de lo mismo y nadie me dio una buena razón, para ponerles seises, sietes o dieces, sin merecerlos.
Y es que no la hay…

Cada quién debe recibir de calificación lo que realmente haya conseguido trabajando y afrontar las consecuencias de sus actos si es que reprobó.

I. Guerrero. 


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