En veintitantos años que tengo como docente, solo una vez, una mísera vez en todo este tiempo, se acercó una alumna para decirme que me había equivocado en su calificación, pero no en contra de ella –como pensé inmediatamente- ¡¡¡sino a su favor!!! Eso si que fue novedad. O sea que en lugar de anotarle un seis que le correspondía, puse un nueve en su registro. Cuando comprobé lo que me lo dijo rectifiqué su calificación, pero en lugar del seis le puse un diez por ser el único caso de honestidad -en esas circunstancias- de un alumno en el tiempo que tenía como docente.
¿Tú lector/a crees que me haya equivocado a favor de un alumno solo una vez en toda mi carrera docente? Es obvio que no. Por más que haya tratado de evitarlo a lo largo de mis años de trabajo estoy seguro que han sido varias veces las que me sucedió, toma en cuenta que han sido miles y miles de números los que he escrito. Solo Dios y los jóvenes que resultaron “beneficiados” saben cuantas veces cometí errores en todo este tiempo poniendo ochos, nueves y dieces, en lugar de escribir cincos, seises, y sietes. Por el contrario las veces que me equivoqué en su contra de inmediato me lo hicieron saber y desde luego que corregí el número.
Con todo esto quiero decir que a los jóvenes les cuesta trabajo ser honestos, aunque hay excepciones, como la de la joven que mencioné.
Actualmente sucede con la mayoría de los adolescentes que: Leer el resto de esta entrada »














































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