La confusión de valores…

30 04 2007

Jóvenes equivocando los valores humanos.

Hace tiempo revisando las tareas extraescolares de mis alumnos, me encontré con dos trabajos idénticos. Como estaba en el salón de clases llamé a los jovenes que me los habían entregado y les pregunté quién había copiado a quién. Ninguno quería decírmelo. Hay una especie de acuerdo no firmado entre los jóvenes en el sentido de “no rajarse” (por temor o por lo que sea) y no decirle al profesor quién hizo trampa.

Primera confusión de valores

Los jóvenes confunden la lealtad con la complicidad. La complicidad es un contravalor, mientras que la lealtad es un valor.

valores1.jpgDespués de un momento de interrogarlos pude sacarles la verdad, cancelé el trabajo del que copió y al otro solo le llamé la atención. También les advertí que de volver a hacerlo además de cancelarles sus tareas les pondría una nota mala en su historial evaluativo el cual tendría efectos en su calificación final.

Pensé que el asunto terminaría ahí, pero no fue así. Luego de unos minutos de haberse retirado a sus asientos, el muchacho que había copiado se acercó a mi escritorio y me dijo:

-Profe. Póngame aunque sea un cinco por el trabajo que le entregué.

Tuve que armarme de paciencia y decirle:

-¿Por qué debo ponerte un cinco si lo que me entregaste es una copia de otro trabajo?

-Es que cumplí con traérselo. Contestó.

Segunda confusión de valores.

Los jóvenes confunden el valor de cumplir con una obligación independientemente de la forma de hacerlo, colocan encima de la honestidad el valor del compromiso. Esto también implica una categorización equivocada de valores.

-Hmmm… O sea que si le debes dinero a una persona y alguien te presta un billete le sacas una copia y pagas con el billete falso, si te descubre el que le debes ¿debe tomarte en cuenta el hecho de que fuiste a “pagarle” aunque sea con un billete falso?

-Sí. Lo que cuenta es la intención Profe. Aseveró el muchacho.

-¿Cual de las dos intenciones vale más para ti: la de hacer trampa o la de intentar “pagar” con un billete falso? Repliqué.

-La de intentar pagar. Me contestó sin titubear.

-Hmmm… lo dices solo por llevarme la contraria.

-No Profe, en serio, para mi cuenta más la intención de hacerlo.

Noté que el joven era sincero, pero había que sacarlo de su error así que hice lo siguiente…

-De acuerdo- le dije y le recalqué -¿Entonces para ti cuenta más la intención?

-Pues si. Me dijo el joven.

-Bien, entonces no solo tienes cinco, sino diez puntos.

El muchacho me miró extrañado, completamente incrédulo.

Tuve que repetírselo. -Si. En lugar de cinco tienes diez.

Su desconcierto fue solo un momento, luego sonrió y dijo.-Está bien Profe, ahí muere… fue buena la intención.

Se retiró a su lugar y me dije para mis adentros. <Menos mal que lo entendiste a tiempo, si no te hubieras llevado un chasco cuando revisaras tu calificación.>

Los jóvenes son inteligentes, de eso ni duda cabe, pero están confundidos en el entendimiento y la aplicación de valores. Conocen nombres de valores y a su modo los explican pero cuando se trata de aplicarlos y de jerarquizarlos tienen problemas.

Si un profesor les pide a sus alumnos de cualquier nivel de bachillerato -incluso de tercero de secundaria- que hagan una lista de valores, aun sin haberlos prevenido le listarán por lo menos diez valores humanos. Esto quiere decir que los jóvenes los conocen, el problema radica en su entendimiento y sobre todo en su aplicación.

En las escuelas solo se enseña teoría de valores.

Desde luego que la práctica de valores debería empezar desde el hogar. Poco puede aprender un muchacho sobre su aplicación si al salir de la escuela en su espacio íntimo practica contravalores y nadie lo saca de su error.

En la escuela, como parte de un proyecto general deberían diseñarse e implementarse en los hechos una serie de prácticas de valores al interior y al exterior del aula. Dichas prácticas incorporarían valores tales como: honestidad, limpieza, disciplina, mismos que representan el mayor problema para aceptarlos y aplicarlos por parte de los adolescentes. Otros, como la democracia son más fáciles de aceptar.

En otra ocasión escribiré acerca de la confusión de los valores humanos, pero en los adultos.

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