Del anecdotario…

19 04 2007

“EL COLEGA OLVIDADIZO” 

El trabajo docente requiere muchas cosas, motivación de los jóvenes, explicación de los temas, investigación y actualización de los conocimientos, trabajo administrativo, etc. A veces son tantas las tareas que debe traer un profesor en su cabeza, que suceden anécdotas como la siguiente. 

Un colega llevó a su esposa a ciudad Guzmán, distante de aquí a unos veinticinco kilómetros. Mientras la señora hacía unas compras en las tiendas de la localidad nuestro amigo aprovechó el tiempo para revisar dentro del auto un tema que tenía que exponer. Terminó su quehacer y al ver que su esposa no llegaba fue a comprar algo de material didáctico que necesitaba. Hizo sus compras en una de las papelerías de la ciudad y regresó a Tuxpan, al CBTis 70, con sus cosas si, !!!pero olvidó a su esposa… !!! 

La señora, al terminar de hacer sus compras y ver que nuestro amigo olvidadizo no estaba en donde habían acordado lo buscó por todos lados. Al no encontrarlo, sin hacerse mayores preguntas abordó un taxi especial y se fue directamente al CBTis 70. Ya ahí buscó al colega y le reclamó su actuar. 

Después que pasó la tempestad y se fue la señora alguien se acercó a nuestro colega para preguntarle la razón del enojo de su esposa a lo que respondió despreocupadamente:  

-Nada más porque la olvidé en ciudad Guzmán-  

-¿¡Ah si!?- ¿¡Nada más por eso!?- replicó en tono de broma el que preguntó. 

-Si-, -nada más por eso- contestó sonriendo nuestro amigo siguiendo la broma.  

-¡A cualquiera le pasa!- concluyó. 





Otra más de nuestra historia…

19 04 2007

“EL PROFESOR DESCONOCIDO”

En una ocasión se reunieron algunos colegas profesores en un pequeño parque de la localidad denominado “el Salatón”. La reunión fue solo para convivir un momento, en realidad no había un motivo especial para festejar.

Después de un buen rato de conversar alegremente y de ingerir algunos “refrescos amargos”, la oscuridad se hizo presente y con ella llegaron como si los trajera la noche un grupo de soldados que de manera inusual hacían un rondín por el pueblo. Como los militares vieron a mis colegas en un lugar público ingiriendo algo más que “refrescos dulces”, inmediatamente los rodearon encañonándolos con sus armas de grueso calibre.

El temor se hizo presente.

Los soldados empezaron a revisarlos minuciosamente de pies a cabeza, preguntando al mismo tiempo nombre, dirección y ocupación de cada uno.

Con el miedo encima cada quien informó lo que recordó, pero todos coincidieron en su ocupación.

-¿¡Así que son maestros! ¡eh!?- Preguntó el jefe de los soldados.

-¡Si!-. Contestaron todos a la vez. Leer el resto de esta entrada »