Lector/a, ¿Cuántas veces te han prometido algo y no te lo han cumplido?
En mi caso hace mucho que perdí la cuenta. Pero aquí no importamos ni tú lector/a si eres un adulto, ni yo que lo soy desde hace muchos años, en esta historia importan los adolescentes, los jóvenes, estudiantes o no, nuestros hijos/as que apenas empiezan a vivir y a quienes las promesas incumplidas pueden torcerles la vida. Si a ti y a mí al final de cuentas tales sucesos no nos afectaron, a los jóvenes podrían llevarlos quien sabe a dónde, o a que cosas.
Hay de promesas a promesas eso lo sabemos todos. Hay cosas que alguien nos prometió, no cumplió y no pasó nada, pero hay otras que nos cambiaron la vida. Te contaré tres, dos me sucedieron a mí (si quieres colaborar aportando alguna experiencia de este tipo, que creas que puede servirles a los jóvenes escríbela en el área de comentarios, la intención es prevenirlos).
La Primera. El casete soñado.
Si tienes 40 años -o más- viviendo en este planeta, recordarás que uno de los primeros estéreos de casa que aparecieron en México -y creo que en toda América- allá a finales de los setentas del siglo pasado, eran de la marca Fisher. Sus características incluían una tornamesa fija para discos de 33 y de 45 r.p.m., radio A.M. y F.M., tocacintas, y lo mejor de todo era que ¡se podía grabar en ellos! Todavía más, los casetes grabados en este tipo de aparatos (los primeros) tenían una calidad de sonido excelente, casi igual a la de los casetes grabados por las compañías disqueras, y además podías ecualizar tu música “levantando” los sonidos bajos o agudos como tu quisieras. Tener uno de esos estéreos era uno de mis más grandes y caros anhelos. En esos “ayeres” estudiaba mi carrera de Ingeniería Eléctrica e igual que todos los estudiantes, ¡Ja! siempre traía la cartera llena de credenciales, tarjetas de presentación que me obsequiaban, y de papeles, más no de dinero.
Recuerdo que en una ocasión fui a visitar a unos de mis compañeros, estudiante también, que vivía a unas cinco cuadras de la casa en la que me daban asistencia, rara vez lo visitaba. Cuando llegué a su casa en lugar de quedarnos en la sala a platicar cosas de la escuela, me invitó a pasar a su recámara porque dijo que quería mostrarme algo (fayuca) que le habían enviado directamente de los Estados Unidos de Norteamérica. Ya dentro de la habitación se dirigió a un mueble en donde se dibujaba un aparato de sonido completamente cubierto por una sábana, lo destapó, y… ¡Aleluya! ¡ahí estaba! ¡un maravilloso equipo de sonido de la marca Fisher de la más reciente manufactura! Cuando lo encendió y puso un disco de Paul Mauriat, ¡Santo Dios! pude constatar el ¡MA-RA-VI-LLO-SO! sonido que tenía. ¡Jamás en mi vida había escuchado algo semejante! A pesar de lo sublime del momento, mi éxtasis dio paso al interés, y como esas personas que: “no pueden ver burro porque se les antoja carga” le dije a mi amigo: -Oye, ¡que bárbaro! es una maravilla de equipo, se escucha de “lujísimo”, ¡está perfecto! ¿Cuándo me dejarás grabar un casete en él?-, -Cuando quieras- respondió mi amigo. -¿De verdad?- le dije con cierta duda, sabiendo que mi compañero tenía fama de egoísta. -Te lo prometo amigo. Cuando quieras, traes tus discos y grabas los que quieras- me confirmó. Entusiasmado por la naturalidad de su oferta le pregunté: -¿Qué te parece si ahora mismo voy por algunos a mi casa para grabar algunas canciones escogidas que siempre he querido tener reunidas en un casete?- -Ve por ellos y lo grabamos- me dijo.
Salí disparado hacia mi casa. Por el camino mi imaginación y entusiasmo se desbordaron. ¡Por fin voy a tener el casete que siempre soñé! ¡con las canciones que siempre me han gustado, “seguiditas” todas! y grabado… ¡Dios bendito! ¡Nada más y nada menos que en un estéreo Fisher! Llegué a mi casa, rápidamente elegí los discos y me dirigí a comprar un casete virgen ¡Mejor compraré dos! -me dije- por si uno es insuficiente, ¡y de los que tienen mayor capacidad! o sea de 90 minutos.
Hacer todo esto me llevó cuando mucho diez minutos. Por fin llegué a la casa de mi amigo con todo el montón de discos y los dos casetes, timbré y salió.
-¡Listo amigo!- le dije -Aquí están los discos y el casete-. A lo que me respondió.
-Hmmm…, sabes, ya cubrí el estéreo con la sábana, y pues… la verdad al grabar se gastan las cabezas de la grabadora, mejor lo dejamos para otra vez ¿Sí?
Me quedé como mi amiguito de la siguiente imagen… Leer el resto de esta entrada »
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